Una bibliografía libertaria comentada

Autor:  en Mises Hispano el 26 de Diciembre de 2011

Aquí está la lectura esencial sobre anarcocapitalismo, que también puede ser llamado orden natural, anarquía de propiedad privada, anarquía ordenada, capitalismo radical, sociedad de ley privada, o sociedad sin estado. Esto no tiene la intención de ser una lista completa. En efecto, sólo los trabajos en lengua inglesa actualmente editados o próximos a salir están incluidos. Por favor note que las sugerencias son bienvenidas, sobre todo para la Sección IV: Escritos fraternos.

I. Murray N. Rothbard y el austrolibertarismo

En lo alto de cualquier lista de lectura sobre anarcocapitalismo debe estar el nombre Murray N. Rothbard. No habría ningún movimiento anarcocapitalista del cual hablar sin Rothbard. Su trabajo ha inspirado y ha definido el pensamiento incluso de libertarios tales, como R. Nozick, por ejemplo, quién se ha desviado considerablemente de Rothbard, metodológicamente o sustantivamente. El trabajo entero de Rothbard es relevante para el contenido del anarcocapitalismo, pero los centralmente importantes son:

La Ética de la Libertad, la presentación más completa en defensa de un código de ley libertaria que haya sido escrita. Basado en la tradición de la ley natural y en su estilo de razonamiento axiomático y deductivo, Rothbard explica los conceptos de derechos humanos, autopropiedad, asignación original, contrato, agresión, y castigo. Demuestra la moral injustificable del estado, y ofrece que contundentes refutaciones a prominentes libertarios estatistas-limitados, como L. v. Mises, F. A. Hayek, I. Berlin, y R. Nozick.

En Hacia una Nueva Libertad Rothbard aplica principios libertarios abstractos para solucionar los problemas corrientes del estado de bienestar. ¿Cómo proveería una sociedad bienes, como educación, dinero, calles, policía, tribunales, defensa nacional, seguridad social, protección del medio ambiente, etc.? Aquí están las respuestas.

Poder y Mercado es el análisis teórico más completo de las ineficiencias y de los efectos contraproducentes de cada forma concebible de interferencia del gobierno con el mercado, desde el control de precios, cárteles compulsivos, leyes antimonopólicas, licencias, tarifas, leyes de trabajo infantiles, patentes, hasta cualquier forma de impuestos (incluso “el impuesto único” propuesto por Henry George sobre la tierra).

El Igualitarismo como una Rebelión Contra la Naturaleza es una maravillosa colección de ensayos de Rothbard sobre aspectos filosóficos, económicos, e históricos de libertarismo, abarcando desde la guerra y la revolución hasta el movimiento de liberación femenina y de los niños. Rothbard muestra su deuda intelectual tanto conLudwig von Mises y la economía austriaca (praxeología) como con Lysander Spooner y Benjamin Tucker y la filosofía política anarquista individualista. Esta colección es la mejor introducción a Rothbard y su programa de investigación libertario.

Concebido en Libertad es una historia narrativa completa de la América colonial y el papel de las ideas y movimientos libertarios. Los magistrales dos volúmenes de Una Perspectiva Austriaca en la Historia del Pensamiento Económico, remonta al desarrollo del pensamiento económico y filosófico libertario en todas partes de la historia intelectual. Rothbard Irreprimible contiene el esquisto comentario libertario encantador en cuestiones políticas, sociales, y culturales, escritas durante la última década de la vida de Rothbard.

Justin Raimondo ha escrito una perspicaz biografía: Murray N. Rothbard: Un Enemigo del estado.

Democracia – El Dios que Falló Hoppe compara la monarquía favorablemente con la democracia, pero critica a ambas como éticamente y económicamente ineficaces, y aboga por un orden natural con seguridad y proveedores de seguros competitivos. Él revisa interpretaciones históricas ortodoxas fundamentales, y reconsidera preguntas centrales de la estrategia libertaria. La Economía y la Ética de la Propiedad Privada incluye la defensa axiomática de Hoppe del principio de autopropiedad y asignación original: alguien hablando en contra de estos principios está envuelto en una contradicción práctica.

El Mito de la Defensa Nacional es una colección de ensayos de una asamblea internacional de científicos sociales acerca de la relación entre el estado y la guerra, y la posibilidad de la defensa de la propiedad de un modo no-estatista: por milicias, mercenarios, guerrilleros, agencias de seguros para la protección, etc.

II. Enfoques alternativos del anarcocapitalismo

Los siguientes autores llegan a conclusiones similares, pero los alcanzan de modos diferentes y estilos variados. Mientras Rothbard y Hoppe son de tipo iusnaturalista y praxeologista, también existen utilitaristas, deónticos, empíricos, historicistas, positivistas, y defensores eclécticos del anarcocapitalismo.

La Estructura de Libertad de Randy E. Barnett es una discusión excepcional de las exigencias de una sociedad liberal-libertaria desde el punto de vista de un abogado y teórico legal. Influenciado marcadamente por F. A. Hayek, Barnett usa el término “orden constitucional policéntrico” para referirse al anarcocapitalismo.

La Empresa de la Ley de Bruce L. Benson es el estudio empírico e histórico más completo del anarcocapitalismo. Benson proporciona pruebas empíricas abundantes de la operación eficiente del orden y la ley producida por el mercado. La secuela de Benson Servir y Proteger es igualmente recomendada.

La Maquinaria de la Libertad de David D. Friedman presenta el caso utilitario para el anarcocapitalismo: breve, fácil de leer, y con muchas aplicaciones para la educación en la protección de la propiedad.

Anthony de Jasay favorece un acercamiento deóntico a la ética. Su escritura – en El Estado, en Opción, Contrato, Consentimiento, y la excelente colección de ensayos Contra la Política – es teórica, con un sabor neoclásico, animoso y de teoría de juegos. Brillante crítica de la opción pública y de la economía constitucional – y de la noción de minarquismo.

El Mercado para la Libertad de Morris y Linda Tannehill tiene un distintivo sabor randiano. Sin embargo, los autores emplean el argumento a favor de estado de Ayn Rand en apoyo de la conclusión contraria, anarquista. Queda pendiente sin embargo el análisis descuidado sobre las operaciones de los productores de seguridad en competencia (aseguradoras, árbitros, etc.).

III. Precursores del anarcocapitalismo moderno

El movimiento intelectual anarcocapitalista contemporáneo tiene unos pocos excepcionales precursores del siglo 19 y 20. Aunque algunas veces deficientes – la cuestión de la propiedad de tierra en la tradición de Herbert Spencer y la teoría del dinero e interés en la tradición Spooner-Tucker – los siguientes títulos siguen siendo indispensables y en gran parte inigualables. (Este listado es cronológico y sistemático, más que alfabético).

La Producción de Seguridad es probablemente la contribución más importante a la teoría moderna del anarcocapitalismo. Molinari sostiene que el monopolio es malo para los consumidores, y que esto también se sostiene en el caso de un monopolio de la protección. Demanda competencia en el área de producción de seguridad como en cada otra línea de producción.

Estática Social de Herbert Spencer es una discusión filosófica excepcional de los derechos naturales en la tradición de John Locke. Spencer defiende el derecho de no hacer caso al Estado. También es muy recomendable su ensayo Principios de la Ética.

Lo Correcto e Incorrecto de la Compulsión del Estado, Herbert desarrolla la idea spenceriana de la igualdad de la libertad a su lógicamente consistente fin anarcocapitalista. Herbert es el padre del Voluntarismo.

El Lector de Lysander Spooner, verá alguna vez al gobierno con los mismos ojos. Spooner hace carne picada de la idea del contrato social.

Una concisa historia del pensamiento individualista anárquico y el movimiento relacionado en el siglo 19 en EE.UU., con particular atención puesta en Spooner y Benjamin Tucker es Hombres contra el Estado de James J.Martin Franz Oppenheimer es un sociólogo alemán anarquista de izquierda. En El Estado él distingue entre los medios de adquisición de riqueza económicos (pacífico y productivo) y políticos (coercitivo y parasitario), y explica el estado como instrumento de dominación y explotación.

Nuestro Enemigo, el Estado, explica la naturaleza antisocial, predadora del estado, y dibuja una distinción aguda entre el gobierno entendido como autoridades voluntariamente reconocidas y el estado. Nock por su parte influyó en Frank Chodorov, que influiría en el joven Murray Rothbard. En sus Ensayos Fugitivos, una colección de comentarios políticos y económicos en favor del mercado y antiestatales, Chodorov ataca a los impuestos como un robo.

IV. Escritos fraternos

Aunque no directamente relacionados con el tema del anarcocapitalismo y escritos por libertarios menos-radicales o incluso por autores no-libertarios, los siguientes son de incalculable valor para una comprensión profunda de la libertad, el orden natural, y el estado.

Los Costos de la Guerra de John V. Denson, es una colección de ensayos por un grupo distinguido de eruditos libertarios y paleoconservadores de varias disciplinas. Expone la naturaleza agresiva del Estado. Posiblemente el libro pacifista más potente que hay. También debe ser recomendada la colección de Denson Reexaminando la Presidencia, sobre el crecimiento del poder estatal.

Secesión, Estado, y Libertad de David Gordon es una colección de ensayos de filósofos, economistas, e historiadores contemporáneos en defensa del derecho a la secesión.

Ley, Legislación, y Libertad, Vol.1, Friedrich A. Hayek es un estudio importante de la evolución “espontánea” de la ley, y la distinción de ley frente a legislación, y entre el derecho público y el privado.

Sobre el Poder de Bertrand de Jouvenel, es una increíble explicación del crecimiento del poder estatal, con muchas importantes perspicacias acerca del papel de la aristocracia como defensora de la libertad y la democracia de masas como un promotor del poder estatal. Relacionado, e igualmente recomendado es su Soberanía.

La Política de la Obediencia de Étienne de la Boétie, es la investigación clásica del siglo 16, de la fuente de poder del gobierno. La Boétie muestra que el poder del estado se apoya exclusivamente en “la opinión” pública. En consecuencia, cada estado puede ser derrumbado – al instante y sin violencia alguna – simplemente en virtud de un cambio en la opinión pública.

La Libertad y la Ley de Bruno Leoni, es un más temprano y en algunos aspectos superior tratamiento de temas similares a aquellos hablados por Hayek. Leoni retrata el Derecho romano como algo descubierto por jueces independientes, más bien que decretado o legislado por autoridades centrales – y así parecido al derecho consuetudinario inglés.

La Búsqueda de la Comunidad de Robert Nisbet (antes publicado bajo el más descriptivo título La Comunidad y el Poder) explica la función protectora de instituciones sociales intermedias, y la tendencia del Estado de debilitar y destruir estas instituciones a fin de ganar el control total del individuo aislado.

El Diario de Estudios Libertarios, Una Revisión Trimestral Interdisciplinaria, (el JLS o Journal of Libertarian Studies) fundado por Murray N. Rothbard y luego editado porHans-Hermann Hoppe (ahora a cargo del Instituto Mises), es un recurso indispensable para cualquier estudiante serio del anarcocapitalismo y los estudios libertarios.

*La lista de los artículos del JLS más directamente conectados con el anarcocapitalismo puede consultarse en el artículo original.

Escrito en diciembre 31 de 2001. Traducido por Gerardo Caprav para Anarquista 101.

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Entrevista al profesor Hans-Hermann Hoppe por Antonio Muñoz Ballesta y Silvia Cabrera Ballester

por Antonio Muñoz Ballesta y Silvia Cabrera Ballester en Mises Hispano


La localidad murciana de Puerto de Mazarrón fue el escenario elegido para la celebración de los IV Encuentros de Humanidades y Filosofía el pasado mes de abril. Para el acto, se contó con la colaboración del filósofo y economista alemánHans-Hermann Hoppe, autor de libros como El Mito de la Defensa Nacional y Socialismo y Capitalismo, entre otros. Su última obra, Monarquía, Democracia y Orden Natural, Una visión austriaca de la era americana. Ediciones Gondo. Madrid, abril 2004, Traducción y prólogo de Jerónimo Molina, en la que se centró la conferencia, propone una nueva forma de interpretación histórica de los Estados, y de la sociedad, a través de la demolición de tres mitos: el primero es el mito de que el Estado ha sido la “causa” del progreso de la civilización, el segundo mito es el que sostiene, igualmente, que ha sido un “avance” la transición histórica de las “monarquías absolutas” a los “Estados democráticos”, y el tercer mito es el de “pensar” que no existe una alternativa a las democracias sociales occidentales según el modelo de los EEUU.

El profesor de la Universidad de Nevada-Las Vegas (USA), que junto con D. Jesús Huerta de Soto, es el mayor representante de la Escuela Austriaca de Economía en la actualidad, explicó magistralmente, ante una sala repleta de un interesado público, que según las tesis de la Economía de la Escuela Austriaca y según “principios evidentes”, los tres mitos mencionados deben ser erradicados de las mentes de los “intelectuales” y de la gente en general, ya que se tratan de tres “creencias falsas”. La sociedad civilizada ha avanzado “a pesar” de los Estados y sus Guerras: “Las Guerras entre los Estados han causado, nada más que en el siglo XX, 170 millones de muertos, y la mayoría de dichas personas eran civiles” –sentenció Hans H. Hoppe en un momento de la conferencia.

La implantación de una mayor intervención estatal ha significado, según Hoppe, “el triunfo del monopolio” y “el dominio de lo más peligroso para la libertad”, entre otras cosas, “porque, contrariamente a lo que se suele pensar, la “democracia” no ha supuesto un avance económico y moral”. Hoppe expresó la posibilidad del colapso de la economía occidental “más tarde o más temprano, tal como sucedió con la URSS hace trece años” porque “la Teoría económica (de la Escuela Austriaca) demuestra que el sistema económico del Estado del “bienestar” no es, en modo alguno, un sistema estable”. Subrayó, asimismo, en la entrevista y en la conferencia que es necesaria una “mayor entrada libre de las empresas privadas en todos los sectores de la producción y comunicación” y la implantación generalizada de lo que denomina “un orden natural” en el que “en vez de un “Orden Mundial” ( inevitablemente controlado por los Estados Unidos), tendríamos un mundo basado en decenas de miles de diversos países, regiones o cantones y cientos de miles de ciudades libres independientes como las hoy pintorescas Mónaco, Andorra, San Marino, Liechtenstein, Hong- Kong, Singapur, Bermuda, etc” para llegar, por fin, a un orden en el que “toda la tierra y demás bienes y factores de producción sean de propiedad privada”.

Durante el coloquio Hoppe expuso la destrucción a la que está sometida la sociedad civilizada a través de los monopolios y los “representantes” democráticos, pues no se preocupan por respetar “el capital” de las propiedades privadas de sus ciudadanos, y fomentan, en cambio, las guerras, los delitos, y la “vida al corto plazo”. Solamente podría paliarse la situación actual, así descrita por el profesor Hoppe, mediante la creación de agencias de seguros privadas (en competencia mutua por la defensa de sus clientes) que actúen en pro de un pluralismo en la actividad productiva y donde los clientes, esto es, las personas privadas “en su responsabilidad”, puedan ir provistos de armas de fuego con el fin de aumentar su seguridad – haciendo cada vez menos necesarios el monopolio “estatal” en la “defensa nacional”. El nuevo modelo de sociedad (el “orden natural”) que, en definitiva, planteó Hoppe, durante la celebración, estaría regido, en un primer momento, por pequeños gobiernos liberales y económicamente integrados. Si el objetivo se consigue obtendremos una sociedad más libre, justa y equitativa. Al finalizar la conferencia y el coloquio el profesor Hans H. Hoppe, muy amablemente, contestó a unas breves preguntas:

Señor Hoppe, ¿cuáles son las principales diferencias entre la Escuela Austriaca y la Escuela de Chicago?
La Escuela de Chicago desacredita el pago de los impuestos en Estados Unidos. Los “americanos” pagan sus impuestos en doce cantidades iguales a lo largo del año en lugar de pagarlo todo en una sola vez. Esto incrementa los ingresos y los impuestos del Estado. Sin embargo la Escuela austriaca niega como fuente de ingresos obligatorios los impuestos. Los “austriacos” (Von Mises…) creen en el pago de los impuestos por un mínimo de servicios tales como la defensa del país, la justicia y la policía para la seguridad personal. Estos dos últimos, en mi opinión, podrían ser privatizados.

Hoy en día, a usted se le considera el máximo representante de la Escuela Austriaca, pero también se le acusa de utópico al preconizar la desaparición del Estado. ¿Qué tiene que decir ante este reproche?
No es valido. La raza humana nunca cambia su naturaleza, siempre habrá malas personas que roben, maten, violen….Si tú encargas a un gobierno la seguridad mediante la vía policial, estos trabajadores funcionarios podrán o no hacer un buen trabajo. En este sistema de impuestos se paga a la policía ya sea esta buena o mala, no se puede cambiar esto, ya que pagamos impuestos. Sin embargo, los austriacos creen en pagar a un sector privado por cada servicio. Eso significa que podemos cambiar de “empresa de seguridad” si los servicios no son buenos, es decir, podremos no pagar por malos servicios. En el sistema de impuestos actual se producen servicios muy pobres, gente inefectiva y perezosa que de cualquier manera que realice su trabajo siempre será abastecida por el gobierno.

En su teoría se le da mucha relevancia a la labor de las compañías de seguros pero, ¿cómo se podría evitar el acuerdo entre las compañías de seguros para convertirse en nuevos estados?
Es muy difícil que esa competencia entre las Compañías de seguros (dedicadas a la defensa privada) se limite porque lo que las compañías de seguros intentan siempre es obtener una ventaja competitiva sobre las otras y conseguir así la mayor cantidad de clientes. Pero en cualquier caso y aunque es muy complicado que esto se produzca, también hay que ser consciente de que existe el riesgo, y se cree un monopolio, y cuando este se produzca se deben crear nuevas compañías que intenten romperlo y volver a competir, ya que los monopolios siempre producen peores servicios y más caros.

Las casi tres horas del acto nos habían llevado ya, sin ninguna clase de aburrimiento, hacia las 23.30 horas de una formidable noche de miércoles santo “filosófico”, y en ese preciso momento se nos invitó por la Asociación de los Encuentros, y junto al profesor Hoppe y Margaret, su señora, a una “pequeña y sabrosa cena” en un terraza del Hotel La Cumbre, con unas maravillosas vistas a toda la bahía de Mazarrón. Las preguntas y el debate continuaron con el profesor Hoppe y entre un nutrido grupo de asistentes. La Asociación de los Encuentros de Humanidades y Filosofía dio, una vez más, y especialmente, las gracias por la ayuda y colaboración prestada en la visita a España (Madrid, 2 de abril, y Mazarrón, 7 de abril) de Hans H. Hoppe, a los profesores D. Jesús Huerta de Soto, y D. Jerónimo Molina (SEPRM), y a D. Román Gil y D. César Cobos.

Entrevista realizada por Silvia Cabrera Ballester, 2° Periodismo, Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, y Antonio Muñoz Ballesta, profesor de Filosofía.

El original se encuentra aquí.

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El sentido común vence al sentido keynesiano

14 Noviembre, 2011

Mi libro The Economics of Illusion, publicado en 1949, era esencialmente una crítica a la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero de Lord Keynes. Mi conclusión era, resumidamente, que lo que es nuevo en la obra de Keynes no es bueno y lo que es bueno no es nuevo.

Desde entonces se me ha pedido añadir a mi crítica negativa de la teoría de Keynes la exposición positiva de una teoría económica que ofreciera una explicación y descripción más correcta de la realidad económica. El presente libro es mi respuesta a esta solicitud. Lo he llamado Economía del Sentido Común en contraste con la teoría de Keynes, a la que considero economía del engaño, pues sus supuestos reales subyacentes me parecen basarse en el engaño.

Empecé este trabajo con sentimientos encontrados. Por un lado, era plenamente consciente del hecho de que los economistas profesionales tienen más experiencia y una mejor técnica en la exposición de las relaciones económicas que una persona cuya actividad principal ha consistido en tomar decisiones empresariales. Por otro lado, hace tiempo que me tentaba intentar, en algún momento, describir el modelo económico que, tras más de treinta años de actividad en teoría y práctica económica, considero más adecuado por cercano a la realidad. También me he preguntado a menudo cómo rescribiría hoy mi Economic Theory of Bank Credit, que se publicó por primera vez hace 35 años.

La disposición del presente libro está deliberadamente en contradicción con la que es habitual hoy en día, particularmente en las obras inglesas y estadounidenses, siguiendo la Teoría General de Keynes.

En mi opinión, la teoría keynesiana es original, pero también nefasta por sus peculiares, casi paradójicas, decisiones respecto de qué debe considerarse como constante y qué como variable en la economía. Por ejemplo, las demandas de salarios nominales de los trabajadores se supone que son relativamente constantes, mientras que el poder de compra agregado se supone que esta fluctuando constantemente y por tanto la economía está expuesta continuamente a la inflación y la deflación. El consiguiente cuadro económico parece al no keynesiano como una especia de truco cinematográfico. Todo ocurre en una forma que es exactamente la opuesta a la habitual. Ya no es la oferta de mano de obra, sino la propensión al consumo lo que determina el volumen de la producción; las viejas y a menudo refutadas teoría del infraconsumo (de las que la teoría de Keynes no es más que una réplica) de nuevo se convierten en respetables.

Estoy firmemente convencido de que este supuesto progreso revolucionario en la ciencia económica es realmente una regresión en comparación con la economía clásica. Las fuerzas económicas a largo plazo, como la propensión al trabajo, se ven completamente eclipsadas por factores menos importantes, como la propensión al consumo y, aunque en ocasiones afirme lo contrario, la teoría de Keynes, como teoría general, también pretende ser una teoría de los desarrollos a lo largo de siglos. Tampoco Keynes ofrece una teoría satisfactoria de los desarrollos a corto plazo y en particular ninguna teoría del ciclo económico. No hay explicación de la dinámica del ciclo y las indicaciones que se dan (adviértase, por ejemplo, el equilibrio del infraempleo que supuestamente aparece cuando los ahorros son excesivos y desaparece cuando se contraen éstos) son irrealistas y falsas.

La presente obra trata de evitar los peligros de sobreestimar la importancia de la “demanda efectiva”. Para este fin, empieza, de una manera pasada de moda, con la descripción de una economía estática, es decir, una que se repite constantemente a sí misma sin cambios en los datos. Luego viene una descripción de una economía cambiante en la que, sin embargo (y esto también está indudablemente pasado de moda), se supone que el sistema monetario sea completamente inelástico. Aquí los nuevos créditos sólo se otorgan si hay nuevos ahorros. Se presupone un sistema monetario así con el fin de demostrar los cambios que se producen en una economía cuando no hay cambios en la moneda. Por el contrario, la siguiente sección se ocupa de la economía en un sistema monetario elástico, es decir, una economía en la que son posibles la expansión inflacionaria y la concentración deflacionaria del crédito. Así, se trata el ciclo económico como un caso especial de la economía en la inflación y la deflación. Por fin, la Parte V es una reproducción sustancialmente inalterada de una lección impartida en 1952, en la que examiné las leyes de la formación de precios en las bolsas, basándome en la evolución de la Bolsa de Nueva York durante los últimos 25 años.

La Parte I empieza con una descripción de la economía de Robinson Crusoe. Puede parecer superflua o elemental para el economista profesional. La he incluido, primero porque los principios que considero esenciales se ven más claramente en el caso del productor aislado y segundo porque al publicar este libro tenía en mente un propósito secundario: hacer una especie de economía mínima para el empresario, el banquero y el inversor interesado en la teoría. Por esta razón también he incluido, al final de cada sección, algunas conclusiones prácticas en relación con los precios de las acciones.

Por supuesto, sé que el conocimiento teórico es desdeñado por muchos empresarios prácticos. Sólo puedo decir para justificar mi propósito secundario que en las pocas ocasiones en las que he tenido éxito en mi propia vida empresarial, lo he tenido, no por ninguna habilidad práctica superior, sino simplemente porque mis estudios de la teoría monetaria y del ciclo económico me han advertido antes que a otros de la consecuencias de las políticas monetarias y de crédito inicialmente inflacionistas y luego deflacionistas de los gobiernos europeos.

Sin embargo me gustaría añadir una advertencia. Aunque considero esencial un conocimiento de los fundamentos de la economía, no los considero suficientes para el éxito. Nuestra economía está sujeta a cambios constantes. Estos cambios, ya sean técnicos, legales, institucionales, políticos o simplemente en los gustos del consumidor son inciertos y tan imprevisibles como el mismo futuro. Los empresarios e inversores tienen que juzgar la fortaleza relativa de las fuerzas que traerán los cambios futuros y ajustar sus disposiciones de acuerdo con ello. Con el fin de hacerlo, tendrán que utilizar todo lo que hayan leído, pensado o experimentado. Aún así, a menudo se equivocarán. Sin embargo, en ningún caso puede predecirse científicamente el cambio futuro. Por tanto, la gestión de los negocios y especialmente de la inversión es un arte y no una ciencia y el concepto de método científico de inversión no tiene sentido.

Con respecto al método de exposición, me gustaría hacer las siguientes advertencias.

Muchas exposiciones contemporáneas, tanto de especialistas como de no especialistas adolecen, en mi opinión, de tratar de abarcar demasiados detalles y eventualidades, con la consecuencia de que se oscurecen los fundamentos. Los árboles no dejan ver el bosque e incluso los árboles no siempre se describen correctamente. La costumbre de examinar lo que ocurre si una curva se mueve mientras otras permanecen fijas (es decir, la descripción gráfica de oferta y demanda a distintos niveles de precios) es muy útil para el análisis teórico, pero ha llevado, en muchos casos, a la creencia de que es lo que ocurre en la realidad. Pero el mundo económico no se divide en datos variables y fijos. Todos los datos económicos relevantes son variables.

Además, el lenguaje matemático de la economía moderna ha llevado a muchos economistas a describir no tanto lo que ocurre en la realidad sino lo que posiblemente podría ocurrir (por ejemplo, que podría hacer que el auge se convierta en depresión).Pero cualquier parecido de estas descripciones y explicaciones con la realidad me parece una pura coincidencia. Tampoco es probable que esta situación cambie por objeciones de personas del mundo de la empresa. Es un hecho lamentable que la mayoría de lo que se escribe hoy día en nuestro campo se mueva en una esfera tan esotérica y use un leguaje tan técnico  que ya no pueda leerlo o entenderlo ni siquiera un empresario interesado en teoría económica.

Por mi parte, he intentado describir en lenguaje llano un modelo de economía que sea suficientemente sencillo como para aclarar las relaciones fundamentales entre los distintos datos económicos, pero, a la vez, no haciéndolo tan simplificado y abstracto como para ser completamente irreal. Sé que son posibles y pueden ser útiles otros métodos de exposición. Pero puedo decir a favor de mi modelo que ha probado muy a menudo serme útil al tomar decisiones de negocio.

No abrigo esperanzas exageradas de que mi teoría (si puedo llamar así a mi modesto retrato del mundo económico) pueda encontrar la aprobación de mis colegas que se hayan conducido en el espectro de Keynes. Cualquiera que vea un exceso de ahorro como la causa de la mayoría de las perturbaciones  a corto y largo plazo de la economía capitalista (y en particular, la causa del desempleo) y que por tanto recomiende más gasto público y privado como medio para el mantenimiento permanente de la prosperidad, leerá este libro con aborrecimiento.

No sólo hay ciclos de actividad económica, sino también ciclos de teoría económica y particularmente de teorías del ciclo económico. Estamos actualmente en una fase de exageración de la importancia de la demanda efectiva. Sin embargo, aunque hay ciclos de teoría, hay evidentemente fases de retraso en estos ciclos. Tengo la sensación de que la teoría económica alemana ahora muestra un retraso frente a la angloestadounidense. La primera parece estar entrando en una fase de entusiasmo por la economía moderna del modelo keynesiano y disfrutando de orgías de ecuaciones formalmente correctas, por muy irreales que puedan ser las suposiciones factuales subyacentes. La segunda, por el contrario, parece haber pasado ya el pico de entusiasmo. Cada vez se reconoce más que los principios básicos simples de los neoclásicos van más allá (y hacen más fácil evitar los errores) que las “cosas modernas”. Parece estar empezando una contrarrevolución frente al keynesianismo.

Si mi Common Sense Economics (la edición alemana ha precedido a la inglesa por razones técnicas) tuviera el efecto de acortar de alguna forma la fase de entusiasmo me conformaría con el resultado. No soy optimista a este respecto, pero tengo paciencia. A mi Economic Theory of Bank Credit, que era una reacción contra la consideración del dinero como nada más que un velo, le llevó ocho años salir triunfante. Supongo que le costará lo mismo ser aceptada a la presente obra, escrita como reacción ante las exageradas opiniones sobre el papel del dinero como fuerza motivadora.

[Prólogo de Common Sense Economics (1956)]

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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Entrevista del Daily Bell a Lew Rockwell

14 Noviembre, 2011 – Tomado de Mises Hispano


IntroducciónLew Rockwell es un influyente defensor del movimiento de libre mercado moderno y principal orquestador del resurgimiento de la economía austriaca en Estados Unidos y el extranjero. Rockwell fue el propio editor de Ludwig von Mises en la década de 1960 y luego sirvió como jefe de personal del congresista Ron Paul. Es fundador del Mises Institute, con sede en Auburn, Alabama, y del exitoso blog LewRockwell.com. Juntas, estas entidades se encuentran entre los sitios de Internet de libre mercado más frecuentados en el mundo.

Daily Bell: Usted ha liderado casi por sí solo una revolución en el pensamiento que ha cambiado el mundo. ¿Cómo le hace sentir eso?

Rockwell: Bueno, gracias, pero no es así como las ideas funcionan. Sin donantes, profesores, estudiantes, colaboradores, medios de comunicación, y la división del trabajo, todos somos sólo escritorzuelos aislados. Eso siempre ha sido así, tanto en el mundo antiguo como en la actualidad. Nos gusta decir que una persona puede hacer la diferencia, pero ello sólo es verdad hasta cierto punto. Todas las formas de producción, incluso en el mundo de las ideas, requieren tanta cooperación con los demás como sea posible. Y aunque estábamos haciendo grandes progresos antes de 1995, el advenimiento de los medios digitales ha hecho una gran diferencia, precisamente porque ha expandido dramáticamente las oportunidades de comunicación y la cooperación.

Daily Bell: ¿Puede familiarizar a nuestros lectores con la profundidad y amplitud de las organizaciones que ha fundado y que ofrecen servicios especialmente en la red?

Rockwell: Yo fundé el Instituto Mises en 1982 para tratar de asegurar que la influencia de Mises y otros economistas austriacos creciera. Hoy en día mises.org es el mayor sitio web de economía sin fines de lucro en el planeta, y una fuente inagotable de enseñanza y de publicación. Fundé LewRockwell.com en 1999, principalmente porque había mucha información para compartir con los demás, y me cansé de la utilización de listas de correo electrónico. Me imaginé que yo también podría publicar gratis lo que me pareciera interesante en todos los ámbitos, en un sitio web público. Hoy en día, es el sitio de lectura libertaria más leído en la web.

Daily Bell: ¿Alguna vez soñaste con este nivel de éxito?

Rockwell: Ni yo ni ninguno de mis mentores o influencias (como Rothbard o Mises) podríamos haber imaginado tal cosa. Por supuesto, llegar a mentes es de lo que se trata la libertad. La posición predeterminada del mundo es el despotismo. En términos generales, la libertad es la excepción. Y lo que hace posible la excepción es el trabajo ideológico, es decir, difundir las ideas a través de todos los medios posibles.

Daily Bell: Usted atribuye parte de su éxito a su padre. ¿Puede contar a nuestros lectores acerca de este hombre singular?

Rockwell: Él era cirujano y un hombre de gran fortaleza de carácter, un hombre del viejo mundo, del tipo que ya difícilmente se conocen. No era un quejica, no se quejaba cuando las cosas no salían como él quería. Él era increíblemente inteligente, y amaba la libertad en la forma en que los hombres de la Ilustración amaban la libertad: no creía que el estado pudiera hacer nada mejor que lo que la gente puede hacer por sí misma. Era un hombre de la vieja derecha que despreciaba a Franklin Delano Roosevelt (en cuya deliberada guerra mi hermano mayor fue asesinado) y un admirador de Robert Taft, no menos a causa de su política exterior no intervencionista. Mi padre trabajó duro hasta el último momento que le fue posible. Todos deberíamos imitarlo.

Daily Bell: ¿Puede relatarnos brevemente cómo se interesó en los mercados libres y decidió hacer de ellos el trabajo de su vida?

Rockwell: Como para la mayoría de la gente, comenzó con la observación de que algo estaba profundamente equivocado en la sabiduría convencional la cual, incluso desde la escuela primaria, parecía suponer que unos sabios señores en la parte superior sabían más que nadie y, por lo tanto, debían estar a cargo de todo el mundo y todas las cosas. Esta suposición parecía carecer de evidencia empírica, según entendía yo. Descubrí la literatura de la libertad oculta en la biblioteca y me di cuenta de que la verdad era algo en busca de lo cual siempre tendría que profundizar. No me la dirían los presentadores de noticias de las cadenas, los políticos, ni las grandes figuras en el mundo académico establecido. Cuando descubrí lo que era cierto, no pude resistirme a actuar sobre ello, y decirle a los demás. Realmente no es nada más complicado que eso.

Daily Bell: ¿Es la desaparición del estado el resultado lógico de la economía austriaca?

Rockwell: Mises no lo pensaba, ni tampoco Hazlitt. Sudha Shenoy sostiene que de todas las personas que mantenían la posibilidad de una sociedad sin estado en esa generación, Hayek es el que más se acercaba a encarnar el temperamento anárquico. En cualquier caso, el hombre que hizo la diferencia en este sentido en la Escuela Austriaca es Rothbard. Fue él quien empujó el aparato teórico más allá del límite previo, por así decirlo. Hoy es difícil encontrar un austriaco moderno que no sea un anarquista. Esto también es gracias a rothbardianos como Walter Block, Hans-Hermann Hoppe, y David Gordon, por supuesto. En un momento dado Rothbard fue criticado por sus puntos de vista, por haber supuestamente marginado a la escuela. Ahora, por supuesto, su anarquismo es probablemente el mayor legado que dejó para el mundo. Es muy atractivo para los jóvenes, a diferencia del estatismo de los economistas del régimen.

Daily Bell: ¿Es razonable creer que el Estado desaparecerá o la realidad nos enseña que lo mejor que se puede hacer es limitar su poder?

Rockwell: Para mí, eso es como preguntar si podemos imaginar una sociedad sin robos y asesinatos. Tal vez nunca ocurrirá, pero debemos mantener la idea en la mente o de lo contrario nunca nos acercaremos a ello. Sin el ideal, el progreso se detiene. Hasta cierto punto, entonces, si la realidad se adecuará al ideal no es la cuestión fundamental. Lo que cuenta es lo que imaginamos que se puede y debería existir. Me gusta imaginar una sociedad sin agresión legalmente sancionada contra la persona y la propiedad.

Daily Bell: ¿Le preocupa que sus organizaciones sufran cada vez mayores ataques a medida que el movimiento del libre mercado continúa?

Rockwell: No, eso no me preocupa. Por otro lado, es completamente normal para los radicales estar bajo ataque desde todos los ángulos, por lo que no sería una sorpresa.

Daily Bell: Llévenos atrás en el tiempo. Usted fundó Imprimis. ¿Estaba amargado cuando se fue?

Rockwell: ¡En absoluto! Yo admiraba a George Roche, y todavía lo hago. Pero mi trabajo en Hillsdale se había terminado, y seguí adelante.

Daily Bell: ¿Cuándo decidió fundar el Instituto Mises? ¿Fue cuando se alió con el famoso economista austriaco Murray Rothbard?

Rockwell: Yo había sido editor de Mises en Arlington House Publishers, a finales de 1960. Después de su muerte en 1973, se hizo cada vez más claro para mí que ninguna idea en este mundo tiene una oportunidad de éxito sin una infraestructura de apoyo. Los misesianos no teníamos eso en las universidades ni en los think tanks. El propio Mises lidió con la falta de apoyo saliendo de Austria y mudándose a un maravilloso instituto en Ginebra. Yo quería fundar un instituto en Estados Unidos que fuera un santuario para la libertad de pensamiento en la tradición de Mises. En primer lugar me acerqué a su viuda, Margit von Mises, quien me dio su bendición y estuvo de acuerdo en servir como nuestro primer presidente. Entonces le pedí a Murray, a quien había conocido también, que guiara nuestros asuntos académicos. Él estaba muy emocionado también. Era un aliado natural, no sólo por ser el más grande estudiante de Mises, sino también porque estaba siendo rechazado como demasiado extremo, demasiado radical, poco dispuesto a jugar el juego – igual que Mises lo había sido. Me tomo muy en serio su ejemplo, y la confianza que depositó en mí, haciéndome su albacea y ejecutor. En muchos sentidos, fue la fuerza fundamental de nuestro crecimiento y éxito. Su espíritu aún nos rodea hoy en día.

Daily Bell: ¿Qué pensaría Rothbard de lo que ha sucedido? ¿Estaría sorprendido?

Rockwell: Bueno, sobre todo estaría entusiasmado. Pero recuerde que él era el mayor optimista por la libertad. Estaba lleno de esperanza y odiaba la desesperación. Tampoco se trataba de una faceta de su carácter únicamente. Era una verdadera esperanza arraigada en la convicción de que si hacíamos las cosas bien, podíamos hacer una diferencia. En este sentido, creo que no le sorprendería que tengamos más solicitudes de estudiantes que las que podemos aceptar, que más y más académicos nos busquen, que nuestros programas para miembros se agoten, que nuestros archivos de audio estén siendo descargados por millones, que nuestros libros se estén vendiendo más rápido de lo que podemos imprimir, y todo lo demás.

Daily Bell: Ha habido un resurgimiento de Randianismo. ¿Le sorprende? ¿Lo aprueba usted?

Rockwell: La conocí, escuché su charla, y me impresionó siempre. Recuerdo que cuando salió “La Rebelión de Atlas” Mises y Rothbard escribieron excelentes críticas. Sus obras de ficción son profundamente eficaces en la promoción de los mensajes capitalistas, y todo ello es para bien. Pero hay algunos errores críticos. No creo que ella haya entendido completamente la naturaleza cooperativa del orden social capitalista, por ejemplo. Ella prestaba menos atención al consumidor que al capitalista, y en este sentido sólo tenía razón a medias. Pero, en general, si sus libros pueden desengañar a la gente de las mentiras en contra de la economía libre, eso está bien.

Daily Bell: ¿Puede dar a nuestros lectores un breve resumen de Antiwar.com y de cómo se relaciona con sus empresas, si es que lo hace?

Rockwell: Yo diría que AWC se especializa en un aspecto del pensamiento de Rothbard. Pero si bien es un primo ideológico de LRC y Mises.org, no existe una relación directa. Los hijos de Rothbard están en todas partes, por supuesto. Una de las razones de ello tiene que ver con su manera especial de comunicarse con la gente. Él hablaba largamente con cualquiera sobre los propios intereses intelectuales de este último. Si le gustaban las noticias, el hablaba de noticias. Si le gustaba la historia de las ideas, el hablaba de la historia de las ideas. Si usted se dedicaba a la partición de Bélgica, él hablaba con usted sobre esta causa. Él tenía una gigantesca personalidad e intelecto. Ninguna inclinación o interés o causa puede resumir su vida.

Daily Bell: ¿Cómo va la recaudación de fondos? ¿Ha disminuido desde la crisis financiera?

Rockwell: En absoluto. En todo caso, la gente está más dedicada a la idea de la libertad y la propagación de la verdad. Las ideas austriacas están recibiendo atención como nunca antes, especialmente con el advenimiento de una crisis que se ajusta muy bien al paradigma austriaco.

Daily Bell: ¿Usted está viendo un aumento constante de personas dispuestas a financiar los esfuerzos por el libre mercado?

Rockwell: También en este caso, vemos un gran progreso.

Daily Bell: ¿Cuál es el futuro del movimiento por la libertad de Ron Paul, en su opinión?

Rockwell: Una cosa es clara: el movimiento de Paul ha acercado a mucha gente a las ideas libertarias. De alguna manera, hay un elemento de tragedia en el hecho de que se necesite la política para despertar a la gente. Lo ideal sería que la gente descubriera las ideas de libertad a través de otros medios. Ron Paul está de acuerdo con esta observación, por cierto. Él se ve primero como un educador. Escogió la política, porque, para él, ésta era una vía eficaz para su mayor y más importante objetivo. Y qué extraordinario trabajo ha hecho, con sus escritos, sus palabras y su ejemplo personal durante casi cuatro décadas. Él ha traído un gran número de personas a la luz. Ese fue siempre su sueño. Debo añadir que su apoyo inicial fue muy importante en el éxito del Instituto. Nos sentimos honrados de tenerlo como nuestro consejero distinguido.

Daily Bell: ¿Sus organizaciones educativas se involucrarán más en los esfuerzos políticos o no?

Rockwell: Yo diría que no. A menos que usted sea Ron Paul, la política es un negocio peligroso, y tienta a la gente a decir y hacer cosas disparatadas. El éxito es pasajero, mientras que nosotros estamos en esto para el largo plazo.

Daily Bell: ¿Cómo se está difundiendo en el extranjero el movimiento de libre mercado?

Rockwell: Maravillosamente. El austro-liberalismo podría compararse al marxismo en cuanto a su alcance internacional. Esto es muy emocionante. La libertad humana es un deseo universal, así que por supuesto que no puede haber movimiento libertario que no sea verdaderamente internacional.

Daily Bell: ¿Espera que el crecimiento continúe al ritmo que ha mantenido en la última década?

Rockwell: El futuro es siempre incierto, pero tenemos las herramientas, la energía y las ideas. Sólo en los últimos años, hemos tenido que imprimir de nuevo prácticamente la totalidad de las librerías austriaca y libertaria. Nuestras descargas son enormes, especialmente entre los jóvenes. Si uno tiene que predecir el futuro, puede observar las ideas de los jóvenes para visualizarlo. En este sentido, estoy seguro de que nuestro movimiento seguirá creciendo mucho más allá de mi propia vida.

Daily Bell: ¿Ha notado una mayor resistencia a sus esfuerzos por parte de entidades gubernamentales organizadas?

Rockwell: Uno oye rumores, pero nada se sabe a ciencia cierta. En estos días el gobierno tiene muchos enemigos, y todos los problemas burocráticos habituales para poder con todos ellos.

Daily Bell: ¿A dónde van el gobierno de EE.UU. y su aliada estructura de poder desde aquí? Creemos que están sangrado credibilidad e influencia.

Rockwell: Sí, y compare los sentimientos anti-gobierno de hoy respecto de cómo estaban las cosas justo después del 11/09/01, un fallo masivo del Estado que el estado usó para promocionarse a sí mismo. Hoy en día vemos el sentimiento anti-estado creciendo desde los niveles de los años 90. Pero aquí está el problema: la izquierda odia algunos aspectos del Estado y ama otros; la derecha es la imagen del espejo. El trabajo de los libertarios es conseguir que ambos lados vean que los del otro están parcialmente en lo correcto. Piense en los Tea Parties, por ejemplo. Las multitudes rugen su desaprobación por el socialismo, incluso mientras animan invasiones militares socialistas.

Daily Bell: ¿Es posible hacer que Estados Unidos vuelva a una forma de gobierno más republicana? ¿Puede derogarse la historia?

Rockwell: Nuestra historia es la de una nación radicalmente descentralizada, y esa memoria no se ha evaporado por completo. Podría ser que el camino de la libertad en los EE.UU sea a través de la secesión. O la descentralización podría serlo de facto a medida que más y más personas descubran los medios de secesión individual respecto de sectores específicos del estatismo: usando monedas alternativas, educando a los hijos en el hogar, leyendo medios de comunicación alternativos, evitando el complejo farmacéutico-industrial, creando negocios no oficiales, fumando cualquier sustancia que quieran, o negándose a volver a una asignación militar. La rebelión puede tomar muchas formas. Tenemos que aprender a acogerlas a todas.

Daily Bell: ¿Espera poder ver en su vida al oro competir con el dólar de EE.UU. como moneda de cambio?

Rockwell: La tecnología hace que esto sea posible como nunca antes. El oro no se va a ir a ninguna parte, pero la vida del dólar es limitada.

Daily Bell: ¿Espera que la Reserva Federal sea auditada?

Rockwell: Esto puede ocurrir, aunque, como señala Ron Paul, la transparencia es sólo un paso hacia lo que debe ser el objetivo final: el cierre del banco central.

Daily Bell: ¿Qué piensa usted de la teoría de Ellen Brown según la cual es el Estado quien ha creado el dinero, y donde los bancos, incluyendo la Reserva Federal, deberían ser nacionalizados y ser operados por el gobierno “del pueblo”? Algunos dicen que la supervisión que Ron Paul quiere que el Congreso realice sobre la FED es de alguna manera una aprobación de la postura browniana.

Rockwell: No estoy muy familiarizado con Brown, pero la FED es el banco central del gobierno, el proyecto de ley de auditoría no da poder monetario a otras partes del gobierno, y los bancos ya están en connivencia con el régimen. Es por eso que tenemos una Reserva Federal y reservas fraccionarias oficialmente habilitadas.

Daily Bell: Somos muy conscientes de que Ron Paul busca un patrón oro y, en un mundo perfecto, el fin de la Reserva Federal. ¿Puede reafirmar esta posición para nuestros lectores?

Rockwell: Sí, aunque no busca el monopolio de ninguna cosa, ni siquiera del oro. Él quiere que el dinero tenga sus raíces en la experiencia en el mercado. No es complicado.

Daily Bell: Hemos notado lo que consideramos un ablandamiento de la posición institucional del oro como estándar – y que la posibilidad de una banca libre sería también una opción. ¿Es esta una observación correcta de la postura de su organización?

Rockwell: Yo no diría que tenemos una posición oficial. Hay muchas maneras de pasar al dinero de libre mercado y a la banca no inflacionaria. No me gustaría nunca cerrar ningún camino viable. Uno de los problemas del plan de Mises para el patrón oro es que se basa en la idea de que los responsables harán las cosas bien. Esta es una idea encantadora de otros tiempos, pero yo no creo que sea verdadera en los nuestros. Tenemos que estar abiertos a la posibilidad de que la reforma nunca venga de arriba.

Daily Bell: ¿Es usted favorable a un patrón de oro y plata o siempre es preferible el patrón oro?

Rockwell: Estoy a favor de que los metales compitan. Sin embargo, un patrón verdadero siempre es privado, y siempre deja lugar a la competencia de monedas.

Daily Bell: Una de las cuestiones más difíciles de resolver desde el punto de vista del libre mercado es la propiedad intelectual. ¿Puede usted decir a nuestros lectores cuál es su posición en este tema tan difícil? ¿En un mercado libre, podrían las personas reclamar y hacer valer sus derechos de propiedad intelectual con alguna posibilidad de éxito?

Rockwell: Rothbard condenó las patentes, pero no los derechos de autor. Mises y Machlup vieron las patentes como concesiones de monopolio por parte del gobierno, pero ninguno las condenó abiertamente. Hayek estaba en contra de los derechos de autor y las patentes, pero no escribió mucho sobre ellos. Son los medios digitales los que han traído la atención a este tema. El pensador clave aquí es Stephan Kinsella. Él y Jeffrey Tucker han hecho el trabajo pesado ​​y han convencido a la mayoría de nosotros de que la propiedad intelectual es un artificio que no tiene lugar en una economía de mercado. Esta idea tiene grandes implicaciones. La reproducibilidad infinita de ideas significa grandes posibilidades de éxito. El hecho de que las ideas no son bienes escasos implica que no necesitan ser controladas. Ésta es una cosa maravillosa. Hay mucho trabajo por hacer en esta área. Toda la historia de la invención necesita una revisión, y nuestra teoría de los mercados necesita tener más en cuenta el lugar central de la emulación en el progreso social.

Daily Bell: ¿Crees que el complejo industrial militar en Estados Unidos se vaya erosionando poco a poco a medida que el movimiento de libre mercado se fortalezca aún más, o está la estructura de poder empeñada en el imperio?

Rockwell: Tiene que erosionarse. El imperio está increíblemente sobreextendido. En algún momento, seguiremos el camino de Gran Bretaña y Roma. Sólo podemos esperar que EE.UU. tome este camino con sabiduría y no con desesperación.

Daily Bell: ¿A dónde van desde aquí? ¿Están trabajando en otros cambios organizativos? ¿Expansiones?

Rockwell: Hay expansiones todos los días. Estamos viendo cosas maravillosas, cosas que son más grandes que cualquier otra que hayamos hecho antes. Pero yo no quiero arruinar la sorpresa.

Daily Bell: ¿Cuál es su futuro personal? ¿En qué esfuerzos intelectuales se halla concentrado?

Rockwell: Quiero seguir trabajando, sobre todo en mi sitio web, y para seguir empujando los límites de las ideas y la tecnología. Yo nunca hago planes de jubilación, y nadie debería. Hay demasiado trabajo que hacer.

Daily Bell: ¿Puede dar algún consejo a nuestros lectores sobre qué publicaciones e información buscar en sus sitios web – por dónde empezar?

Rockwell: Siempre comenzamos con nuestras pasiones, sean las que sean. No hay dos personas iguales. Esto es para lo que son los motores de búsqueda. Sin embargo, permítame decir que en algún momento, todos deben aspirar a ser un estudiante serio de Mises y Rothbard. Ninguna educación es completa sin eso.

Daily Bell: ¿Si los lectores desean conocer más acerca de sus organizaciones, dónde está el punto de partida más sencillo? ¿Se puede asistir a seminarios de Mises, etc.?

Rockwell: Los sitios web son un buen lugar de partida, pero por supuesto nos encanta que vengan nuevas personas a nuestras conferencias. Estamos trabajando para crear más oportunidades para ello.

Daily Bell: ¿A dónde recomendaría que fuera una persona joven para recibir educación superior en Estados Unidos?

Rockwell: ¿Se refiere a educación o a universidad? No siempre son lo mismo. Usted puede hoy obtener una buena educación en línea. En cuanto a los títulos universitarios, sugeriría que la inversión de menor coste. Pero recuerde que el coste de oportunidad de la educación formal es muy alto. Después unos cuatro o seis años en la universidad, una persona puede descubrir que él o ella no tiene ninguna habilidad. Esta es la peor forma de entrar en la fuerza de trabajo.

Daily Bell: Gracias por su tiempo y sus análisis.

Rockwell: De nada.

Traducida por Celia Cobo-Losey R.

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Praxeología y Ciencia Económica

Por Hans-Hermann Hoppe (traducción de Juan Fernando Carpio, tomada de http://www.mises.ec)

Es bien conocido que los Austriacos están en fuerte desacuerdo con otras escuelas de pensamiento económico, tales como la Keynesiana, la Monetarista, la de la Teoría de la Elección Pública, la Historicista, la Institucionalista y la Marxista[1]. El desacuerdo es más conspicuo, desde luego, cuando se trata de política económica y de propuestas de políticas económicas. En ocasiones existe también una alianza entre Austriacos y, en particular, Chicagoenses y Teóricos de la Elección Pública. Ludwig von Mises, Murray N. Rothbard, Milton Friedman y James Buchanan, por citar algunos nombres, se han aunado en sus esfuerzos para defender la economía de libre mercado contra sus detractores “social-liberales” y socialistas.
Sin embargo, tan importantes como puedan ser dichos acuerdos ocasionales por razones tácticas o estratégicas, sólo pueden ser superficiales, pues ocultan algunas diferencias realmente fundamentales entre la Escuela Austriaca, tal como es representada por Mises y Rothbard, y todas las demás. La diferencia de fondo de la cual emergen todos los desacuerdos a nivel de teoría económica y políticas económicas –desacuerdos, por ejemplo, con respecto a los méritos del patrón oro vs. el dinero fiat, la banca libre vs. la banca central, las implicaciones para el bienestar de los mercados vs. la acción estatal, capitalismo vs. socialismo, la teoría del interés y del ciclo económico, etc. –corresponden a la primera pregunta que realmente debe hacerse cualquier economista: ¿Cuál es el objeto de la Economía, y qué clase de proposiciones son los teoremas económicos?
La respuesta de Mises es que la Economía es la ciencia de la acción humana. En sí mismo esto puede no sonar muy controversial. Pero entonces Mises dice de la ciencia económica:
Sus aserciones y proposiciones no están derivados de la experiencia. Son, como aquellos de la lógica y las matemáticas, a priori. No están sujetos a verificación y falsación sobre la base de la experiencia y los hechos. Son lógica y temporalmente anteriores a cualquier comprensión de hechos históricos. Son uno requisito necesario de cualquier comprensión intelectual de eventos históricos[2].
Para poder enfatizar el status de la Economía como una ciencia pura, una ciencia que tiene más en común con una disciplina como la lógica aplicada, que con –por ejemplo- las ciencias naturales empíricas, Mises propone el término “Praxeología” (la lógica de la acción) para la rama del conocimiento encarnada en la Economía[3].
Es esta apreciación de la Economía como una ciencia a priori, una ciencia cuyas proposiciones pueden ser provistas de una rigurosa justificación lógica, lo que distingue a los Austriacos, o más precisamente a los Miseanos, de todas las demás escuelas económicas actuales. Todas las demás conciben a la Economía como una ciencia empírica, una ciencia como la Física, que desarrolla hipótesis y que requiere de comprobación empírica contínua. Y todas ellas consideran como dogmática y no científica la posición de Mises de que los teoremas económicos –como la Ley de Utilidad Marginal, o la ley de retornos, o la teoría del interés en base a la preferencia temporal y la Teoria Austriaca del Ciclo Económico- puedan ser otorgadas de prueba definitiva, de tal forma en que se demuestre que es simplemente contradictorio el negar su validez.
La posición de Mark Blaug, altamente representativa del pensamiento metodológico mayoritario, ilustra esta oposición casi universal al Austrianismo. Blaug dice de Mises: “Sus escritos sobre los fundamentos de la ciencia económica son tan extravagantes e idiosincráticos que uno sólopuede preguntarse por qué han sido tomados en serio por alguien[4]”.
Blaug no provee un sólo argumento para dar fundamento a su indignación. Su capítulo sobre Austrianismo simplemente termina con esa afirmación. ¿Será posible que el rechazo de Blaug y otros del apriorismo de Mises tenga más que ver con el hecho de que los rigurosos estándares de argumentación -que una metodología apriorista implican- demuestran ser demasiado para ellos[5]?
¿Qué llevó a Mises a su caracterización de la Economía como una ciencia a priori? Desde la perspectiva contemporánea puede ser sorprendente escuchar que Mises no veía su concepción como fuera de contexto frente al punto de vista prevalente en los albores del siglo veinte. Mises no trataba de prescribir lo que los economistas debían hacer, en oposición a lo que estaban ya haciendo. Más bien, él vio sus logros como un filósofo de la Economía en sistematizar, y volver explícito lo que la Economía era realmente, y como había sido implícitamente concebida por casi cualquiera que se llamase a sí mismo un economista.
Y este es en realidad el caso. Al ofrecer una explicación sistemática de lo que era conocimiento solamente implícito y no pronunciado, Mises en efecto introdujo algunas distinciones conceptuales y terminológicas que habían sido previamente poco claras y familiares, al menos para el mundo angloparlante. Pero su posición sobre el status de la Economía estaba esencialmente en total acuerdo con la –entonces- perspectiva ortodoxa sobre el asunto. Ellos no utilizaban el término “a priori”, pero tales economistas de la corriente prevalente como Jean Baptiste Say, Nassau Senior y John E. Cairnes, por ejemplo, describían a la Economía de forma muy similar.
Say escribe “Un tratado en Economía Política se… confinará a la enunciación de un puñado de principios generales, no requiriendo siquiera el apoyo de pruebas o ilustraciones; porque éstos no serán si no la expresión de lo que todos sepan, organizados en una forma conveniente para comprenderlos, tanto en el alcance total de cada uno como en su relación entre sí.”. Y “la Economía Política… siempre que los principios que constituyan sus fundamentos sean las deducciones rigurosas que parten de hechos generales innegables, descansa sobre una base inamovible[6]”.
De acuerdo a Nassau Senior, “las premisas [económicas] consisten de unas pocas proposiciones generales, el resultado de observaciones, o la conciencia, y que escasamente requieren de prueba, o incluso exposición formal, las cuales todo hombre, apenas las escucha, las admite como familiares a sus pensamientos, o al menos como incluídas en su conocimiento previo; y sus inferencias son casi tan generales, y si ha razonado correctamente, tan certeras como sus premistas.” Y los economistas deben estar “concientes del hecho de que la Ciencia depende más en el razonamiento que en la observación, y que su principal dificultad consiste no en la constatación de sus hechos, si no en el uso de sus términos[7]”.
Y John E. Cairnes subraya que mientras “la humanidad no tiene conocimiento directo de los principios físicos primarios”… “el economista inicia con un conocimiento de las causas primarias”… “El economista puede entonces ser considerado desde el inicio de sus investigaciones como alguien que ya posee aquellos principios primarios que gobiernan los fenómenos que conforman el tema de su estudio, el descubrimiento de los cuales en el caso en el caso de la investigación en Física constituye para investigador su más ardua tarea.” “Las conjeturas [en Economía] estarían manifiestamente fuera de lugar, en tanto poseemos en nuestra conciencia y en el testimonio de nuestros sentidos… prueba directa y fácil de aquello que deseamos saber. En Economía Política, correspondientemente, una hipótesis nunca se utiliza como ayuda para el descubrimiento de causas y leyes primarias[8]”.
La perspectiva de los predecesores de Mises -Menger, Böhm-Bawerk y Wieser- son las mismas: Ellos, también, describen a la Economía como una disciplina cuyas proposiciones pueden ser –en contraste con aquellas de las ciencias naturales- obtener una justificación primaria. Nuevamente, sin embargo, lo hacen sin utilizar la metología empleada por Mises[9].
Y finalmente, la caracterización epistemológica de la Economía era considerada bastante ortodoxa –y ciertamente no idiosincrática, como Blaug lo quisiera- luego de haber sido explícitamente formulada por Mises. El libro de Lionel Robbins, “The Nature and Significance of Economic Science”, que aparece por primera vez en 1932, es nada más que una versión ablandada de la descripción de Mises de la ciencia económica como Praxeología. Sin embargo fue respetado por la profesión económica como la estrella guía en metodología por casi veinte años.
De hecho Robbins, en su prefacio, explícitamente señala singularmente a Mises como la más importante fuente de su propia posición metodológica. Y Mises tanto como Richard von Strigl –cuya posición es esencialmente indistinguible de la de Mises- son citados positivamente en el texto con más frecuencia que nadie más.
Sin embargo, tan enriquecedor como pueda ser todo esto para una evaluación de la situación actual, es solamente historia. ¿Cuál es entonces el fundamento de los economistas clásicos para considerar su ciencia como algo diferente a las ciencias naturales? ¿Y qué se halla detrás de la reconstrucción explícita de Mises de esta diferencia como una ciencia a priori y una aposteriori? Fue el reconocimiento de que el proceso de validación –el proceso de descubrir si una proposición es verdadera o no- es diferente en un campo de indagación de que en el otro.
Demos una mirada breve a las ciencias naturales. ¿Cómo sabemos las consecuencias resultantes si sometemos un material natural a determinados experimentos, por ejemplo, si lo mezclamos con otro tipo de material? Obviamente no sabemos antes de intentarlo y observar qué ocurre. Podemos hacer una predicción, desde luego, pero aquella será solamente hipotética, y se requiere de observaciones para saber si acertamos o erramos. Más aún, incluso si hemos observado algún resultado específico, por ejemplo el que la mezcla de los dos materiales lleve a una explosión, ¿podemos estar seguros de que dicho resultado ocurrira invariablemente siempre que mezclemos dichos materiales? Nuevamente, la respuesta es no. Nuestras predicciones serán todavía, y permanentemente, hipotéticas. Es posible que una explosión ocurra solamente si ciertas otras condiciones –A, B y C- están aseguradas. Sólo podemos saber si éste es o no el caso y cuáles son esas otras condiciones al emprender un proceso de prueba y error sin fin. Esto nos permite mejorar progresivamente nuestro conocimiento sobre el rango de aplicación para nuestra predicción hipotética original.
Ahora tornemos nuestra miara hacia algunas proposiciones económicas típicas. Consideremos el proceso de validación de una proposición como la siguiente: Siempre que dos personas, A y B, entablen un intercambio voluntario, deben ambas esperar beneficiarse de él. Y deben tener escalas de preferencia inversas con respecto a los bienes y servicios intercambiados, de modo que A valora más lo que recibe de B que lo que le entrega, y B debe evaluar las mismas cosas de forma inversa.
O consideremos esto: Siempre que un intercambio no sea voluntario si no obligado, una parte gana a expensas de la otra.
O la Ley de Utilidad Marginal: Siempre que la oferta de un bien aumente en una unidad adicional, dado que cada unidad sea considerada de igual utilidad por una persona, el valor otorgado a esta unidad debe ser menor. Esto debido a que dicha unidad adicional sólo puede ser empleada como el medio para el logro de un fin que es considerado menos valioso, que el fin menos valioso satisfecho por una unidad del mismo bien si la oferta tuviera una unidad menos.
O tomemos la Ley Ricardiana de Asociación: En el caso de dos productores, si A es más productivo en la producción de dos tipos de bienes que B, aún podrán entablar una división del trabajo mutuamente beneficiosa. Esto es así debido a que la productividad física será más alta si A se especializa en producir el bien que pueda más eficientemente, en vez de que A y B produzcan dichos bienes separada y autónomamente.
O como un ejemplo adicional: Cuando se aplica legislación que requiera que los salarios sean superiores a los existentes en el mercado, el resultado será el desempleo involuntario.
O como ejemplo final: Siempre que la cantidad de dinero se incremente en condiciones en que la demanda de dinero para ser utilizada como balance de efectivo no cambie, el poder adquisitivo del dinero caerá.
Considerando tales proposiciones, ¿es el proceso de validación involucrado en establecerlas como verdaderas o falsas el mismo que el implicado para hacerlo con una proposición en las ciencias naturales? ¿Son hipotéticas estas proposiciones en el mismo sentido que una proposición respectoa los efectos de mezclar dos tipos de materiales naturales? ¿Tenemos que someter a experimento estas proposiciones económicas continuamente contra observaciones? Y, ¿requiere de un proceso de prueba y error sin fin el hallar el rango de aplicación de esas proposiciones y gradualmente mejorar nuestro conocimiento, tal como hemos visto que es el caso en las ciencias naturales?
Parece bastante evidente –excepto para la mayoría de economistas durante los últimos cuarenta años- que la respuesta a estas preguntas es un claro y nada ambiguo “No”. Que A y B tengan que esperar beneficiarse y tener escalas inversas de preferencia proviene de nuestra comprensión de lo que un intercambio es. Y es el mismo caso con respecto a las consecuencias de un intercambio obligatorio. Es inconcebible que las cosas sean jamás diferentes: lo fueron así un millón de años atrás y lo serán en un millón de años. Y el rango de aplicación de estas proposiciones está claro de una vez por todas: son ciertas siempre que algo sea un intercambio voluntario o sea un intercambio obligatorio, y eso es todo.
No hay diferencia con respecto a los otros ejemplos dados aquí. Que la utilidad marginal de unidades adicionales de bienes homogéneos deba caer proviene de la afirmación irrefutable de que cada persona actuante siempre prefiere lo que le satisface más que aquello que le satisface menos. Es simplemente absurdo el pensar que una experimentación continua sea necesaria para establecer una proposición así.
La Ley Ricardiana de Asociación, en conjunto con una demarcación definitiva de su rango de aplicación, se deriva lógicamente de la propia existencia de la situación descrita. Si A y B son diferentes en la forma descrita y por ende existe una tasa de sustitución tecnológica para los bienes producidos (una tasa para A y otra para B), si entablan una división del trabajo como se describe en esta ley, la producción física debe ser mayor que la resultante de otro modo. Cualquier otra conclusión es lógicamente defectuosa.
Lo mismo es cierto con respeto a las consecuencias de las leyes de salario mínimo o un incremento en la cantidad de dinero. Un incremento en el nivel de desempleo y una disminución del poder adquisitivo del dinero son consecuencias que están lógicamente implicadas en cada descripción de la condición inicial que se describe en las proposiciones en cuestión. En efecto, es absurdo considerar estas predicciones como hipotéticas y pensar que su validez no podría ser establecida independientemente de observaciónes, es decir, de forma distinta que experimentando con legislación de salario mínimo o imprimir más dinero y observar qué ocurre.
Para usar una analogía, vendría a ser como si uno intentase establecer el Teorema de Pitágoras mediante medir lados y ángulos de los triángulos. Tal como cualquiera tendría que opinar de tal actividad, ¿no deberíamos decir que el pensar que las proposiciones económicas tengan que ser comprobadas empíricamente es señal de clara confusión intelectual?
Pero Mises no nota simplemente esta diferencia más bien obvia entre la Economía y las ciencias empíricas. Nos hace entender la naturaleza de esta diferencia y nos explica cómo y por qué una disciplina única como la economía, que enseña algo acerca de la realidad sin requerir de observaciones, puede existir en primer lugar. Es este logro de Mises el que difícilmente puede ser sobreapreciado.
Para poder entender mejor esta explicación, debemos hacer una incursión en el campo de la Filosofía, o más precisamente en el cambio de la filosofía del conocimiento o Epistemología. En particular debemos examinar la epistemología de Immanuel Kant con su desarrollo de forma más completa en su “La Crítica de la Razón Pura”. La idea de Mises de la Praxeología está claramente influída por Kant. Esto no significa que Mises sea un simple y llano Kantiano. En efecto, como señalaré más adelante, Mises acarrea la epistemología Kantiana más allá del punto donde Kant mismo la dejó. Mises mejora la filosofía Kantiana de una forma que hasta este mismo día ha sido completamente ignorada y subapreciada por los filósofos Kantianos ortodoxos. Sin embargo, Mises toma de Kant sus distinciones conceptuales y terminológicas tanto como algunas nociones Kantianas fundamentales sobre la naturaleza del conocimiento humano. Por lo tanto, debemos tornar nuestra mirada hacia Kant.
Kant en el curso de su crítica del empirismo clásico, en particular el de David Hume, desarrolló la idea de que todas nuestras proposiciones podían ser clasificadas en forma doble: En una mano tenemos que pueden ser analíticas o sintéticas, y en la otra que pueden ser a priori o a posteriori. El significado de tales distinciones es, en resumen, la siguiente. Las proposiciones son analíticas siempre que los medios de la lógica formal sean suficientes para hallar si son verdaderas o no; de otro modo las proposiciones son sintéticas. Y las proposiciones son a posteriori siempre que se necesiten observaciones para establecer su veracidad o al menos confirmarlas. Si las observaciones no son necesarias, entonces las proposiciones son a priori.
La marca caracterísitica de la filosofía Kantiana es el aseverar que existen proposiciones sintéticas a priori –y es debido a que Mises se adhiere a esta aseveración que Mises puede ser llamado un Kantiano. Las proposiciones sintéticas a priori son aquellas cuya validez puede ser establecida definitivamente, aún cuando para ello los medios de la lógica formal no son suficientes (mientras, que desde luego, necesarias) y las observaciones son innecesarias.
De acuerdo a Kant, las matemáticas y la geometría proveen ejemplos de proposiciones sintéticas a priori. Sin embargo también considera que una proposición como el principio general de causalidad -es decir, la afirmación de que existen causas operativas intemporales, y que cada acontecimiento está inmerso en una red de tales causas- es una proposición a priori sintética.
No puedo entrar aquí en gran detalle para explicar cómo Kant justifica su posición. Tendrán que bastar unos pocos comentarios. Primero, ¿cómo se deriva la verdad de tales proposiciones, si la lógica formal no es suficiente pero las observaciones son innecesarias? La respuesta de Kant es que la verdad proviene de axiomas materiales auto-evidentes.
¿Qué vuelve a estos axiomas auto-evidentes? Kant contesta, no es posque sean evidentes un sentido sicológico, en cuyo caso estariamos inmediatamente concientes de ellos. Por el contrario, Kant insiste, es usualmente más arduo descubrir tales axiomas que descubrir alguna verdad empírica tal como que las hojas de los árboles sean verdes. Son auto-evidentes porque uno no puede negar su veracidad sin auto-contradecirse; es decir, al tratar de negarlos uno en realidad –implícitamente- estaría admitiendo que son ciertos.
¿Cómo hallamos tales axiomas? Kant contesta: mediante la reflexión sobre nosotros mismos, al entendernos como sujetos capaces de conocimiento. Y este hecho –el que la verdad de las proposiciones sintéticas a priori se derive ultimadamente de experiencia interna y reflexiva- también explica por qué tales proposiciones tienen la posibilidad de obtener el status de necesariamente ciertas. La experiencia observacional sólo puede revelar las cosas como son; no hay nada en ella que indique por qué las cosas deben ser de la forma en que son. Contrariamente a esto sin embargo, escribe Kant, nuestra razón puede entender por qué las cosas deben ser como son, “[en tanto sean] aquellas que ella misma ha producido de acuerdo a su propio diseño”.
En todo esto Mises sigue a Kant. Sin embargo, como señalé anteriormente, Mises añade una noción extremadamente importante que Kant sólo había atisbado remotamente. Ha sido una confrontación común al Kantianismo el decir que su filosofía parecía implicar alguna forma de idealismo. Puesto que -de la forma en que lo ve Kant- si las proposiciones sintéticas a priori verdaderas son proposiciones sobre cómo nuestra mente funciona y debe necesariamente funcionar, ¿cómo puede explicarse que tales categorías mentales ajusten con la realidad?
¿Cómo puede explicarse, por ejemplo, que la realidad se ajuste al principio de causalidad si este principio tiene que ser entendido como uno al cual el funcionamiento de nuestra mente debe ajustarse a su vez? ¿No tendríamos que hacer la asunción idealista y absurda de que esto sólo es posible porque la realidad fue en efecto creada por la mente? Para que no se me malinterprete, no pienso que tal arremetida contra el Kantianismo sea justificada. Y aún así, a través de ciertas partes de sus formulaciones Kant sin duda ha dado cierta plausibilidad a esta acusación.
Consideremos, por ejemplo, esta afirmación programática suya: “Hasta ahora se ha asumido que nuestro conocimiento debe ajustarse a la realidad observable”; en cambio debe asumirse “que la realidad observable debe conformarse a nuestro conocimiento”.
Mises provee la solución a este desafío. Es verdad, como Kant sostiene, que las proposiciones a priori sintéticas verdaderas están asentadas en axiomas auto-evidentes y que estos axiomas deben ser entendidos mediante reflexión sobre nosotros mismos en vez de ser en ningún sentido significativo “observables”. Sin embargo debemos ir un paso más allá. Debemos reconocer que tales necesarias verdades no son simplemente categorías de nuestra mente, pero que nuestra mente es una de personas actuantes. Nuestras categorías mentales deben ser entendidas como últimamente arraigadas en categorías de la acción. Y tan pronto como esto es reconocido, todas las sugerencias de idealismo inmediatamente desaparecen. Por el contrario, una epistemología postulando la existencia de proposiciones sintéticas a priori se vuelve una epistemología realista. Ya que se entiende como asentada en categorías de la acción en última instancia, la brecha entre el mundo mental y el real –exterior- se cierra. Como categorías de la acción, deben ser objetos mentales tanto como son características de la realidad. Ya que es a través de la acción que la mente y la realidad toman contacto.
Kant había dado claves hacia esta solución. Él pensaba que las matemáticas, por ejemplo, debían estar asentadas en nuestro conocimiento del significado de la repetición, de las operaciones repetitivas. Y también se dio cuenta de que, aunque sea un poco vagamente, el principio de causalidad está implícito en nuestra comprensión de lo que es y significa el actuar.
Sin embargo es Mises quien trae esta noción totalmente a la luz: la causalidad, él comprende, es una categoría de la acción. El actuar significa interferir en algún punto anterior en el tiempo para generar un resultado posterior, y de por ende todo actor debe presuponer la existencia de causas que operan constantemente. La causalidad es un prerrequisito de la acción, como Mises lo establece.
Pero Mises no está, como sí lo está Kant, interesado en la epistemología en sí. Con su reconocimiento de que la acción es el puente entre la mente y la realidad exterior, ha encontrado una solución al problema de cómo las proposiciones sintéticas a priori son posibles. Y ha ofrecido nociones extremadamente importantes con respecto al fundamento último de otras proposiciones epistemológicas más allá del Principio de Causalidad, tal como la Ley de Contradicción en cuanto a fundamento de la Lógica. Y de esa forma ha abierto un camino para la investigación filosófica que, hasta donde tengo conocimiento, ha sido escasamente transitado. Sin embargo, el tema de énfasis de Mises es la Economía, así que dejaré de lado por el momento el problema de explicar con mayor detalle el Principio de Causalidad como una proposición sintética a priori.
Mises no solamente reconoce que la epistemología indirectamente descansa sobre nuestro conocimiento reflexivo del actuar y por ende puede alegar que establece algo a priori sobre la realidad si no que la Economía también lo hace y de una forma mucho más directa. Las proposiciones económicas fluyen directamente de nuestro conocimiento de la acción reflexivamente adquirido; y el status de estas proposiciones como afirmaciones verdaderas a priori acerca de algo real se deriva de nuestra comprensión de lo que Mises denominó “el axioma de la acción”.
Este axioma, la proposición de que los seres humanos actuan, cumple los requisitos precisamente para una proposición sintética a priori verdadera. No puede negarse que esta proposición sea verdadera, ya que su negación tendría que ser clasificada como una acción –y así, la verdad de la afirmación literalmente no puede ser desarticulada. Y el axioma a su vez tampoco está derivado de la observación –sólo existen movimientos corporales a ser observados, pero no tal cosa como una acción- pero surge más bien de la comprensión reflexiva.
Adicionalmente, como algo que debe ser comprendido más que observado, sigue siendo conocimiento sobre la realidad. Esto es debido a que las distinciones conceptuales implicadas en esta comprensión son nada menos que las categorías empleadas por la mente en su interacción con el mundo físico a través de su propio cuerpo físico. Y el axioma de la acción con todas sus implicaciones ciertamente no es auto-evidente en un sentido sicológico, aunque una vez que se declara explícitamente puede ser entendida como una proposición innegablemente verdadera sobre algo real y existente.
Ciertamente, no es sicológicamente evidente ni es observable que en cada acción el actor busque un fin; y que cualesquiera sea ese fin, el hecho de que sea buscado revela que le otorga un valor relativamente más alto a éste que a cualquier otro fin para una acción que pueda concebir al inicio de su acción.
Tampoco es evidente u observable que para lograr su fin más altamente valorado una acción debe intervenir o decidir no intervenir (lo cual, desde luego, es también una forma de intervención) en un punto anterior en el tiempo para producir un resultado posterior; ni que tales intervenciones invariablemente implicquen el empleo de algún recurso escaso (al menos aquellos del cuerpo del actor, el espacio físico en que se encuentra y el tiempo utilizado por la intervención).
De igual forma no es auto-evidente ni puede ser observado que estos medios deben también tener valor para un actor –un valor derivado de aquel del fin- debido a que el actor debe considerar su empleo como necesario para lograr efectivamente el fin buscado; y que las acciones sólo pueden ser emprendidas secuencialmente, implicando siempre la toma de una decisión, es decir, elegir un único curso de acción que en un momento determinado ofrezca el resultado más valioso para el actor y excluya al mismo tiempo la consecución de otros fines menos altamente valorados.
No es automáticamente obvio ni observable que como una consecuencia de tener que elegir y dar preferencia a un fin por encima de otro –no pudiendo alcanzarse todos los fines simultáneamente- todas y cada una de las acciones implican incurrir en costos. Por ejemplo, renunciar al valor asignado al siguiente fin alternativo que no puede ser obtenido o cuya realización deba ser diferida debido a que los medios necesarios para efectuarlo están dedicados a la producción de otro fin, aún más altamente valorado.
Y finalmente, no es llanamente evidente u observable que a su inicio cada fin de una acción deba ser considerado de mayor valor para el actor que sus costos y sea capaz de rendir un beneficio, es decir, un resultado cuyo valor sea evaluado favorablemente frente a los costos incurridos. Y sin embargo, cada acción está invariablemente amenazada por la posibilidad de pérdida si un actor encuentra, en retrospectiva, que el resultado logrado en la práctica –contrariamente a expectativas previas- tiene menos valor que el que la alternativa sacrificada hubiese tenido.
Todas estas categorías –valor, fines, medios, elección, preferencia, costo, beneficio y pérdida, a la vez que el tiempo y la causalidad- están implicados en el axioma de la acción. Sin embargo, el que uno sea capaz de intepretar observaciones en tales categorías requiere uno ya sepa lo que significa actuar. Nadie que no sea un actor podría jamás entenderlas. No están “dadas”, listas para ser observadas, si no más bien la experiencia observacional es intepretada en dichos términos al hacerlo un actor. Ni es tampoco su reconstrucción reflexiva una tarea simple, sicológicamente auto-evidente, como lo demuestra una gran línea de intentos fracasados en el camino hacia las nociones previamente mencionadas sobre la naturaleza de la acción.
Tomó un esfuerzo intelectual monumental reconocer explícitamente lo que, que una vez vueltos explícitos, todos reconocen inmediatamente como ciertos y puede identificarlos como proposiciones sintéticas a priori, es decir, proposiciones que pueden ser validadas independientemente de observaciones y por tanto no pueden ser falseadas (demostradas como falsas) por ninguna clase de observación.
El intento de demostrar como falso el axioma de la acción sería en sí mismo una acción encaminada a un fin, requiriendo medios, excluyendo otros cursos de acción, incurriendo en costos, sometiendo al actor a la posibilidad de lograr o no lograr el fin deseado y llevando por tanto a un beneficio o pérdida (éxito o fracaso).
Y la propia posesión de tal conocimiento no puede entonces ser jamás disputado, y la validez de estos conceptos no puede ser falseada por ninguna experiencia circunstancial, ya que el disputar o falsear algo habría ya presupuesto su propia existencia. De hecho, una situación en la cual estas categorías de la acción dejasen de tener una existencia real no podría ser jamás observada, ya que el hacer una observación es, también, una acción.
La gran observación de Mises fue que el razonamiento económico tiene su fundamento precisamente en esta comprensión de la acción; y que el status de la Economía como una forma de lógica aplicada se deriva del status del axioma de la acción humana como una proposición sintética a priori. Las leyes del intercambio, la ley de utilidad marginal decreciente, la ley ricardiana de asociación, la ley de controles de precios, y la teoría cuantitativa del dinero –todos los ejemplos de proposiciones económicas que mencioné – pueden ser derivados lógicamente de este axioma. Y es por ello que a uno le resulta ridículo pensar acerca de tales proposiciones como del mismo tipo epistemológico que aquellas de las ciencias naturales. El pensar que lo son, y consecuentemente requerir de experimentación para su comprobación, es como suponer que debemos incurrir en un proceso de búsqueda de hechos sin conocer el posible resultado para establecer el hecho de que uno es en realidad un ser actuante. En una palabra: es absurdo.
La Praxeología dice que todas las proposiciones económicas que claman ser verdaderas deben ser demostradamente deducibles por medio de la lógica formal del conocimiento verdadero e irrefutable concerniente al significado de la acción humana.
Específicamente, todo razonamiento económico consiste de los siguientes:
(1) Una comprensión de las categorías de la acción y el significado de que ocurra un cambio en tales cosas como valoraciones, preferencias, conocimiento, medios, costos, etc;
(2) Una descripción de un mundo en que las categorías de la acción asuman un significado concreto, donde individuos concretos son identificados como actores con objetos específicados como sus medios para actuar, con fines concretos identificados como valores y cosas concretas identificadas como costos. Tal descripción puede ser aquella del mundo de Robinson Crusoe, o un mundo con más de un actor en que las relaciones interpersonales sean posibles; de un mundo de intercambio mediante el trueque o uno de dinero y de intercambios que coloquen al dinero como el medio común de intercambio.
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[1] Los dos primeros ensayos están basados en dos clases impartidas en el “Advanced Instructional Conference on austrian Economics” del Ludwig von Mises Institute, de Junio 21-27, en 1987. El tercer ensayo es una reimpresión tomada de The Economics and Ethics of Private Property (Kluwer Academic Publishers en 1993), pp.141-64.
[2] Ludwig von Mises, Human Action (Chicago: Henry Regnery, 1966), p.32.
[3] El trabajo medotológico de Mises está contenido principalmente en sus Epistemological Problems of Economics (New York: New York University Press 1981); Theory and History (Washington, D.C.: Ludwig von Mises Institute, 1985); The Ultimate Foundation of Economic Science (Kansas City, Kans.: Scheed Andrews and McMeel, 1978); Human Action, Parte I.
[4] Mark Blaug, The Methodology of Economics (Cambridge: Cambridge University Press, 1980), p.93; para una declaración de indignación ver Paul Samuelson, Collected Scientific Papers, vol.3 (Cambridge, Mass.: Hardvard University Press, 1972), p.761.
[5] Otro crítico prominente de la Praxeología ha sido Terence w. Hutchinson, The Significance and Basic Postulates of Economic Theory (London: Mcmillan, 1938). Hutchinson, siendo como Blaug un adherente a la variante Popperiana de empirismo, se ha vuelto desde entonces menos entusiasta acerca de las posibilidades de avanzar la Economía por medio del empirismo (ver, por ejemplo, su Knowledge and Ignorance in Economics [Chicago: University of Chicago Press, 1977] y The Politics and Philosophy of Economics [New York: New York University Press, 1981), aunque sigue sin ver una alternativa posible al falsacionismo de Popper. Una posición y desarrollo bastante similares a los de Hutchinson pueden encontrarse en H. Albert (ver sus iniciales Marktsziologie und Entschedungslogik (Neuwied: 1967). Para una crítica de la posición empirista ver Hans-Hermann Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Unterschungen zur Grundlegung von Soziologie un Ökonomie (Opladen: 1983); “Is Research based on Causal Scientific Principles Possible in the Social Sciences?” Ratio 25, no.1 (1983); “In Defense of Extreme Rationalism”, Review of Austrian Economics 3 (1988); “On Praxeology and the Praxeological Foundations of Epistemology and Ethics” in Llewellyn H. Rockwell, Jr. ed., The Meaning of Ludwig von Mises (Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute, 1989)
[6] Jean-Baptiste Say, Treatise on Political Economú (New York: Augustus Kelley [1880] 1964), p.xx, xxvi.
[7] Nassau Senior, And Outline of the Science of Political Economy (New York: Augustus Kelly, [1836] 1965), pp.2-3,5.
[8] John E. Cairnes, The Character and Logical Method of Political Economy (New York: Augustus Kelly, 1965), p. 83, 87, 89-90, 95-96.
[9] Copiar cita.

Traducido por Juan Fernando Carpio.

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The Tale of the Slave

from Robert Nozick, Anarchy, State, and Utopia, pp. 290-292.

Consider the following sequence of cases, which we shall call the Tale of the Slave, and imagine it is about you.
1. There is a slave completely at the mercy of his brutal master’s whims. He often is cruelly beaten, called out in the middle of the night, and so on.
2. The master is kindlier and beats the slave only for stated infractions of his rules (not fulfilling the work quota, and so on). He gives the slave some free time.
3. The master has a group of slaves, and he decides how things are to be allocated among them on nice grounds, taking into account their needs, merit, and so on.
4. The master allows his slaves four days on their own and requires them to work only three days a week on his land. The rest of the time is their own.
5. The master allows his slaves to go off and work in the city (or anywhere they wish) for wages. He requires only that they send back to him three-sevenths of their wages. He also retains the power to recall them to the plantation if some emergency threatens his land; and to raise or lower the three-sevenths amount required to be turned over to him. He further retains the right to restrict the slaves from participating in certain dangerous activities that threaten his financial return, for example, mountain climbing, cigarette smoking.
6. The master allows all of his 10,000 slaves, except you, to vote, and the joint decision is made by all of them. There is open discussion, and so forth, among them, and they have the power to determine to what uses to put whatever percentage of your (and their) earnings they decide to take; what activities legitimately may be forbidden to you, and so on.

Let us pause in this sequence of cases to take stock. If the master contracts this transfer of power so that he cannot withdraw it, you have a change of master. You now have 10,000 masters instead of just one; rather you have one 10,000-headed master. Perhaps the 10,000 even will be kindlier than the benevolent master in case 2. Still, they are your master. However, still more can be done. A kindly single master (as in case 2) might allow his slave(s) to speak up and try to persuade him to make a certain decision. The 10,000-headed monster can do this also.
7. Though still not having the vote, you are at liberty (and are given the right) to enter into the discussions of the 10,000, to try to persuade them to adopt various policies and to treat you and themselves in a certain way. They then go off to vote to decide upon policies covering the vast range of their powers.
8. In appreciation of your useful contributions to discussion, the 10,000 allow you to vote if they are deadlocked; they commit themselves to this procedure. After the discussion you mark your vote on a slip of paper, and they go off and vote. In the eventuality that they divide evenly on some issue, 5,000 for and 5,000 against, they look at your ballot and count it in. This has never yet happened; they have never yet had occasion to open your ballot. (A single master also might commit himself to letting his slave decide any issue concerning him about which he, the master, was absolutely indifferent.)
9. They throw your vote in with theirs. If they are exactly tied your vote carries the issue. Otherwise it makes no difference to the electoral outcome.
The question is: which transition from case 1 to case 9 made it no longer the tale of a slave?

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Sueños libertarios

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