euribe El dogma colectivista

Por Ludwig von Mises (Publicado el 3 de noviembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4770.

[Extraído del capítulo 11 de Teoría e historia]

La filosofía colectivista moderna es un burdo retoño de la vieja doctrina del realismo conceptual. Se ha separado del antagonismo filosófico general entre realismo y nominalismo y apenas presta atención alguna al continuo conflicto entre las dos escuelas. Es una doctrina política y como tal emplea una terminología que es aparentemente distinta de la usada en los debates escolásticos respecto de los universales, así como de la del neorrealismo contemporáneo. Pero el núcleo de sus enseñanzas no difiere del de los realistas medievales. Atribuye al objetivo de los universales, la existencia real, incluso una existencia superior a la de los individuos, a veces incluso negando de plano la existencia autónoma de los individuos, la única existencia real.

Lo que distingue al colectivismo del realismo conceptual como lo enseñan los filósofos no es el método de aproximación sino las tendencias políticas implicadas. El colectivismo transforma la doctrina epistemológica en una reclamación ética. Dice a la gente lo que tendría que hacer. Distingue entre la verdadera entidad colectiva a la que la gente debe lealtad y las falsas pseudo entidades acerca de las cuales no tendrían que preocuparse en absoluto. No hay una ideología colectivista uniforme, sino muchas doctrinas colectivistas. Cada una de ellas ensalza una entidad colectiva distinta y reclama que toda la gente decente se someta a ella. Cada secta adora a su propio ídolo y es intolerante con todos los ídolos rivales. Todas ordenan total sometimiento del individuo; todas son totalitarias.

El carácter particularista de las distintas doctrinas colectivistas podría ignorarse fácilmente porque generalmente empieza con la oposición entre sociedad en general e individuos. En esta antítesis aparece sólo un colectivo que comprende a todos los individuos. Por tanto no puede aparecer ninguna rivalidad entre una multitud de entidades colectivas. Pero en el posterior desarrollo del análisis se sustituye imperceptiblemente la imagen omnicomprensiva de la única gran sociedad por un colectivo concreto.

Examinemos primero el concepto de sociedad en general.

Los hombres cooperan entre sí. La totalidad de las relaciones humanas engendradas por esa cooperación se llama sociedad. La sociedad no es un ente en sí mismo. Es un aspecto de la acción humana. No existe o vive fuera de la conducta de la gente. Es una orientación de la acción humana. La sociedad no piensa ni actúa. Los individuos al pensar y actuar constituyen un complejo de relaciones y hechos que se califican como relaciones y hechos sociales.

El asunto se ha hecho confuso por una metáfora aritmética. La gente se pregunta ¿es la sociedad simplemente una suma de individuos o es más que eso y por tanto una entidad dotada de una realidad independiente? La pregunta no tiene sentido. La sociedad no es la suma de los individuos, ni más ni menos. Los conceptos aritméticos no pueden aplicarse a esta materia.

Otra conclusión aparece de la no menos vacía cuestión de si la sociedad es, en lógica y tiempo, anterior o no a los individuos. La evolución de la sociedad y la de la civilización no fueron dos procesos distintos, sino uno y el mismo. El paso biológico de una especie de primates más allá del nivel de una mera existencia animal y su transformación en hombres primitivos ya implicaba el desarrollo de los primeros rudimentos de cooperación social. El homo sapiens no aparecía en las primeras etapas ni como un buscador de comida solitario ni como miembro de un tropel gregario, sino como un ser conscientemente cooperante con otros seres de su mismo tipo. Sólo en la cooperación con sus iguales podía desarrollar un lenguaje, la herramienta indispensable del pensamiento. No podemos siquiera imaginar a un ser razonable viviendo en perfecto aislamiento y sin cooperar al menos con miembros de su familia, clan o tribu. El hombre como hombre es necesariamente un animal social. Una característica esencial de su naturaleza es algún tipo de cooperación. Pero la consciencia de este hecho no justifica ocuparse de las relaciones sociales como si fueran algo distinto que relaciones o de la sociedad como si fuera una entidad independiente fuera o por encima de las acciones de los hombres individuales.

Finalmente tenemos las tergiversaciones causadas por la metáfora orgánica. Podemos comparar a la sociedad con un organismo biológico. La tertium comparationis es el hecho de la división del trabajo y la cooperación existen entre las distintas partes  de un cuerpo biológico igual que entre los distintos miembros de la sociedad. Pero la evolución biológica que resultó de la aparición de los sistemas de estructura-función de cuerpos de plantas y animales era un proceso puramente fisiológico en el que no puede descubrirse ningún rastro de actividad consciente por parte de las células. Por otro lado, las sociedad humana es un fenómeno intelectual y espiritual. Al cooperar con sus congéneres, los individuos no se despojan de su individualidad. Mantienen el poder de actuar antisocialmente y a menudo hacen uso de éste. A cada célula se le asigna invariablemente su lugar en la estructura del cuerpo en que se integra. Pero los individuos escogen espontáneamente la forma en que se integran en la cooperación social. Los hombres tienen ideas buscan fines elegidos, mientras que las células y órganos del cuerpo carecen de esa autonomía.

La psicología de la Gestalt rechazada apasionadamente la doctrina psicológica del asociacionismo. Ridiculiza la idea de “un mosaico sensorial que nadie ha observado nunca” y enseña que “el análisis, si quiere revelar el universo en su totalidad, tiene que detenerse ante las totalidades, sea cual sea su tamaño, que posean realidad funcional”.[1][1] Independientemente de que lo que pueda pensarse acerca de la psicología de la Gestalt, es evidente que no hace ninguna referencia a los problemas de la sociedad. Es manifiesto que nadie a observado nunca a la sociedad como un todo. Lo que puede observarse es siempre acciones de los individuos. Al interpretar los distintos aspectos de las acciones del individuo, los teóricos desarrollan el concepto de sociedad. No puede haber ninguna duda en entender “las propiedades de las partes a partir de las propiedades de las totalidades”.[2][2] No hay propiedades de la sociedad que no puedan descubrirse en la conducta de sus miembros.

Al contrastar la sociedad y el individuo y negar al último cualquier realidad “verdadera”, las doctrinas colectivistas consideran al individuo simplemente como un rebelde refractario. Este desgraciado pecador tiene la imprudencia de dar prioridad a sus míseros intereses egoístas frente a los intereses sublimes del gran dios de la sociedad. Por supuesto, el colectivista atribuye esta eminencia sólo al ídolo social correcto, no a uno de los pretendientes.

Pero quién es el pretendiente  y quién es el rey

Dios nos bendiga a todos, eso es otra cosa.

Cuando el colectivista ensalza al estado, lo que quiere decir no es cualquier estado, sino sólo el régimen que aprueba, no importa si este estado legítimo existe ya o tiene que ser creado. Para los checos irredentos en la antigua Austria y los irlandeses irredentos en el Reino Unido, lo estados cuyos gobiernos residían en Viena y Londres eran usurpadores: su estado legítimo aún no existía. Especialmente notable es la terminología de los marxistas. Marx era amargamente hostil al estado prusiano de los Hohenzollern. Para dejar claro que el estado que quería ver omnipotente y totalitario no era aquél cuyos gobernantes vivían en Berlín, llamaba al estado futuro de su programa no estado, sino sociedad. La innovación era meramente verbal. Pues lo que pretendía Marx era abolir cualquier esfera de acción de iniciativa humana transfiriendo el control de todas las actividades económicas al aparato social de compulsión y represión, al que se denomina habitualmente como estado o gobierno. La trampa no dejó de engañar a mucha gente. Incluso hoy hay aún inocentes que creen que hay una diferencia entre el socialismo de estado y otros tipos de socialismo.

La confusión de los conceptos de sociedad y estado aparecen en Hegel y Schelling. Es habitual distinguir dos escuelas hegelianas: la izquierda y la derecha. La distinción se refiere sólo a la actitud de estos autores hacia el Reino de Prusia y las doctrinas de la Iglesia Unida de Prusia. El credo político de ambas ramas era esencialmente el mismo. Ambos defendían la omnipotencia del gobierno. Fue un hegeliano de izquierdas, Ferdinand Lassalle, quien expresó más claramente la tesis fundamental del hegelianismo: “El Estado es Dios”.[3][3] El propio Hegel había sido más cauteloso. Sólo declaró que es “el camino de Dios por el mundo lo que constituye el Estado” y que al ocuparse del estado uno debe contemplar “la Idea, Dios como real en la tierra”.[4][4]

Los filósofos colectivistas no se dan cuenta de que lo que constituye el estado es las acciones de los individuos. Los legisladores, quienes aplican las leyes por la fuerza de las armas y quienes ceden ante el dictado de las leyes y la policía constituyen el estado por su comportamiento. Sólo en este sentido es real el estado. No hay estado aparte de esas acciones de los hombres individuales.

Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.

Este artículo está extraído del capítulo 11 de Teoría e historia.

Published Thu, Nov 4 2010 8:34 PM by euribe

[1][1] K. Koffka, “Gestalt”, Encyclopaedia of the Social Sciences, 6, 644.

[2][2] Ibíd., p. 645.

[3][3] Gustav Mayer, Lassalleana, Archiv für Geschichte der Sozialismus, 1, 196.

[4][4] Hegel, Filosofía del derecho, sec. 258.

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About Rodrigo Betancur

Estudioso de la Escuela Austríaca de Economia
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