euribe Desvelado el misterio de FDR

Por Llewellyn H. Rockwell Jr. (Publicado el 28 de octubre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4801.

 

Durante más de 70 años, el caso de Franklin Delano Roosevelt ha desconcertado a la gente de inclinación libertaria. Sus políticas, extendiendo el socialismo de guerra basado en la estructura económica de Mussolini, expandieron el estado estadounidense hasta un tamaño impensable y prolongaron la Gran Depresión a lo largo de la terrible Segunda Guerra Mundial.

La normalidad no retornó hasta que tras este tiempo de guerra se abolieron los controles y se recortó el presupuesto. La recuperación económica duradera empezó en 1948.

¿Y el tipo que hizo que pasara todo esto es un héroe? Su retrato está en la (depreciada) moneda de diez centavos.

Han aparecido bibliotecas enteras de libros acerca de su presidencia, la mayoría alabando sus estúpidos planes, y éste es el ejemplo que ha inspirado toda la cultura política estadounidense. Todos tratan de ser como él y la forma en que tratan de ser como él es a través de planes aún más estúpidos utilizando una retórica explosiva. Arruinar el presupuesto y ser “grande”: ese es el ejemplo de FDR.

George W. Bush fue un buen ejemplo. Después del 11-S hizo su papel lo mejor que pudo, pero al final estaba completamente desacreditado. Clinton trató de hacer algo parecido con su tontorrón plan sanitario, pero fracasó. Obama dio algunos pasos en esta dirección, pero no llegaron muy lejos.

El problema es aquí el ejemplo de FDR y las lecciones que la clase política estadounidense ha aprendido de él. A la izquierda del gran gobierno le encanta el ejemplo y pide a todos: ve y haz lo mismo. Los neoconservadores han seguido la postura de que deberíamos dejar de disputar acerca de FDR y empezar a amar el New Deal. Newt Gingrich y sus amigos han impulsado lo más improbable de todo: la grandeza del New Deal al tiempo que proclaman su oposición al gran gobierno. ¿Cómo?

Al final, resulta que todos han aprendido la lección errónea y no sólo la que deriva de la opinión equivocada de que el New Deal de alguna forma nos sacó de la Depresión económica. La principal lección errónea podría ser política.

Como ha demostrado Mark Thornton, el ran cambio legislativo que realizó FDR al inicio de su presidencia, la decisión que afectó a todo ciudadano estadounidense de costa a costa, fue la abolición de la maldición de la Ley Seca durante trece años. Hizo campaña para abolir la Ley Seca (que apoyaba Hoover) y recortar el gobierno (que expandió Hoover). Aplicó su promesa principal solamente dos semanas después de su toma de posesión. Ese mismo año desfrutó de la gloria de una enmienda a la Constitución que abolía la enmienda de la Ley Seca de 1920.

Estas acciones tuvieron un efecto inmediato que cambió radicalmente las vidas de todos, tanto bebedores como no bebedores. Se acabaron los bares clandestinos y su corrupción. Los policías dejaron de actuar bajo soborno y los sobornos dejaron ser el pan nuestro de cada día. Los presupuestos locales vieron repentinamente aumentados sus ingresos. Hubo nuevos mercados para el grano. Hubo lugares de reunión para la gente. Los jóvenes no se veían atraídos al inframundo alcohólico con su atractivo como fruta prohibida. ¡Demonios, la gente podía cenar un vaso de vino con la comida!

Si piensan que se esto no es nada, fíjense en el despotismo absoluto de la Enmienda 18ª que se cargó FDR:

Sección 1. Un año después de la ratificación de este artículo quedará prohibida por el presente la fabricación, venta o transporte de licores embriagantes dentro de los Estados Unidos y de todos los territorios sometidos a su jurisdicción, así como su importación a los mismos o su exportación de ellos, con el propósito de usarlos como bebidas.

Sección 2. El Congreso y los diversos Estados poseerán facultades concurrentes para hacer cumplir este artículo mediante leyes apropiadas.

¡Sí, sin duda éste es el país de los libres! La respuesta de FDR fue la enmienda 21ª:

Sección 1. Queda derogado por el presente el decimoctavo de los artículos de enmienda a la Constitución de los Estados Unidos.

Aquí hay drama. Aquí hay grandeza. Aquí está lo que significa hacer libre a la gente. En comparación, todo lo que hizo FDR (vil y terrible) palidece en comparación, al menos desde el punto de vista de la persona media. Habiendo obtenido el mérito de abolir la Ley Seca, FDR obtuvo una enorme libertad de acción legislativa, que usó hasta el máximo nivel durante uno, dos, tres cuatro mandatos en el cargo. Esto es lo que pueden producir las grandes acciones a favor de la libertad humana.

Desde entonces, hemos tenido una larga lista de políticos que trataban de emular los horribles programas de FDR sin haber hecho nada positivo para la causa de la libertad. No funciona. Siguen siendo condenados. ¿Y por qué? Porque en su mayor parte el principal impulso de la política estadounidense siempre fue y sigue siendo esencialmente libertario.

Nuestras canciones, nuestros juramentos, las historias de nuestra fundación, todos tienen a la libertad como tema principal. A pesar de todos los horrores de las presidencias y la enorme expansión del poder del gobierno, la libertad sigue siendo el impulso supremo de la cultura política estadounidense. Los estados de bienestar y guerra están fuera de control y aún así sigue siendo cierto que los temas más eficaces políticamente en la vida estadounidense giran en torno a la libertad. La libertad es lo que nos une. Libertad es lo que queremos.

FDR lo entendió, Por eso cambió su posición de seco a mojado para obtener la nominación. Por eso hizo de la abolición de la Ley Seca una prioridad.

¿Por qué no hemos visto esto antes? Tendemos a separar política económica y social y olvidar la forma en que se enfrentan entre sí. Los buenos economistas han condenado el New Deal, pero podrían olvidar cómo la abolición de la Ley Seca tuvo un enorme aspecto económico.

Otra cosa es que los historiadores sean unos mentirosos. Quieren que creamos que FDR era querido por las cosas horribles que hizo. Por eso siguen bombardeando nuestros cerebros con las glorias del New Deal.

Los resultados de esta mala explicación de la historia han sido desastrosos para la libertad humana. Ahora con una nueva comprensión de por qué tanta gente le quería, tenemos un mejor ejemplo de éxito político. El nuevo presidente, sea del partido que sea, debería aprender. Traiga las tropas a casa. Baje impuestos. Legalice la marihuana. Elimine restricciones en todas y cada una de las industrias.

Reagan lo entendió y por eso bajó inmediatamente los impuestos y acabó con el poder del sindicato del gobierno, y también por esto su déficits catastróficos, sus posteriores aumentos de impuestos y expansiones del gobierno no fueron considerados las traiciones que fueron.

El asunto es la libertad. El presidente que la impulsa triunfa. La moraleja de esta historia que ni siquiera debería confiarse en ese presidente. FDR utilizó su buena acción como excusa para realizar muchas malas. La primera lección para los políticos es poner a la libertad en primer lugar. La lección para el resto de nosotros es no poner nuca nuestra confianza en un presidente, ni siquiera en uno que haya hecho algo bueno.

 

 

Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente de la Junta Directiva del Ludwig von Mises Institute en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de The Left, the Right, and the State.

Published Fri, Oct 29 2010 5:11 PM by euribe

 

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About Rodrigo Betancur

Estudioso de la Escuela Austríaca de Economia
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