euribe Joseph Labadie: Un americano original

Por Jeff Riggenbach. (Publicado el 15 de octubre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4821.

[Este artículo está transcrito del podcast  Libertarian Tradition]

 

Hace 77 años (el 7 de octubre de 1933, para ser exactos) murió Joseph A. Labadie. Murió en Detroit, Michigan, en donde había vivido casi toda su vida adulta, a la edad de 83 años. Labadie nació en 1850 en una porción del suroeste de Michigan que estaba habitada principalmente por los pocos miembros sobrevivientes de la tribu india de los potawatomi que habían sido, como dijo la biógrafa de Labadie, Carlotta Anderson, “agrupados cruelmente por el gobierno de estados Unidos” hacía aproximadamente una década y “trasladados al oeste cruzando el río Mississippi”.

Anderson escribe que el propio Labadie era de “origen francés y americano nativo”. Sus “ancestros franceses ya estaban en el Nuevo Mundo en 1667; poseían tierras en el río Detroit antes de 1749”. Sus padres eran primos. Ambos llevaban el apellido Labadie. Ambos

eran descendientes de Antoine Louis Descomptes, llamado Labadie, uno de los más famosos y prolíficos colonos en el Detroit del siglo XVIII. Próspero comerciante de pieles se cree que tuvo 23 o 33 hijos (dependiendo de qué cuentas se acepten) de tres esposas, fue jocosamente aclamado por traer al área un tremendo ímpetu tanto en la industria como en la población. El padre de Joseph provenía de la rama familiar de la segunda esposa de Antoine Louis, una ojibway de pura sangre, hija del jefe de una banda cuyas zonas de caza estaban a lo largo del río Detroit.

Su madre “creció en la espaciosa casa de madera que su padre (…) construyó en la vasta finca Labadie en East Sandwich, en el lado canadiense del río Detroit, en terreno transmitido por el jefe Ottawa Pontiac a mediados del siglo XVIII”. Cuando sus padres se conocieron. Su padre trabajaba como carpintero y pintor de casas, pero sólo devez en cuando, cuando tenía que hacerlo. El trabajo que más le gustaba era viajar con los misioneros jesuitas en la parte oeste del estado, sirviendo de intérprete entre los jesuitas (angloparlantes o francoparlantes) y los indios potawatomi del sudoeste de Michigan y el norte de Indiana.

De hablaban tanto el francés como el inglés en el hogar familiar de Labadie, que estaba a veces en los bosques del suroeste de Michigan y el norte de Indiana, entre los indios de esa región; a veces en South Bend, Indiana, y a veces en Canadá, en la orilla sur del río Detroit. Así que cabe suponer que sus padres guando le dieron su nombre de pila probablemente pensaron en él como si se pronunciara en el estilo francés: Charles Joseph Antoine Labadie. Fue él mismo (o eso parece), el que lo americanizó al sencillo “Jo Labadie” (aunque mantuvo un poco de exoticismo deletreando su nombre de pila como sólo “Jo”, sin la “e” final).

“Labadie no fue a la escuela”, informa Anderson, “excepto unos pocos meses en una escuela parroquial cerca de South Bend, Indiana, cuando su padre trabajó brevemente como carpintero para la Universidad de Notre Dame”. Parece haber aprendido a leer y escribir en su casa, seguramente de su madre. Después de eso, parece haberse hecho cargo de su propia educación, que desarrolló principalmente con lecturas independientes. Dejó su casa a los 14 años y empleó unos pocos años como aprendiz de un tío en el negocio de la joyería, aprendiendo el oficio de relojero antes de volver a South Bend y empezando un nuevo aprendizaje, esta vez en una imprenta.

Después de terminar su nuevo aprendizaje, se tomó cinco años de vagar a través de Michigan, Ohio, Pennsylvania, Nueva York y Massachusetts. Aceptaba trabajos donde podía, a menudo, dice Anderson “quedándose delante de una oficina de un periódico, preparado para sustituir a alguien si los impresores habituales no se presentaban”. Estuvo un año de impresor para el New York World durante este tiempo, pero la mayoría de sus trabajos duraron poco, sólo unas pocas semanas o meses antes de volverse a ir a ver lo que había más allá del siguiente horizonte.

Volvió a Michigan en 1872 y estableció su residencia en el lado estadounidense del río Detroit, en la ciudad de Detroit, entonces un pueblo animado y próspero de unas 85.000 almas. Trabajó como impresor para diversas publicaciones en el pueblo durante las siguientes dos décadas. Entretanto se interesó por la política y en concreto por el movimiento obrero estadounidense del siglo XIX.

En el primer trabajo en un periódico que tuvo después de dejar South Bend para sus cinco años de viaje, a la edad de sólo 18 años, había ayudado a fundar el sindicato local de tipógrafos. Y continuó su organización y agitación obrera en los años siguientes, más notablemente después de su vuelta a Detroit a principio de la década de 1870. Carlotta Anderson dice que “a finales del siglo XIX se había convertido en el activista sindical más influyente de Michigan”.

Bueno, el activismo sindical puede parecer un extraño tipo de proyecto para que elija realizarlo cualquier tipo de libertario. Si Labadie hubiera tenido un conocimiento firme de la economía habría visto la inutilidad a largo plazo de dicho activismo; habría visto que los sindicatos no pueden nunca mejorar la condiciones o salarios de los trabajadores más allá del nivel que alcanzaría el mercado de todas maneras. Pero, como dijo uno de los amigos de Labadie en su funeral, “Jo era un hombre que podía ver algo bueno en cada movimiento que se opusiera al sistema actual”. De acuerdo con Anderson, Labadie

fue un defensor del Partido Socialista Laborista, los Caballeros del Trabajo, el Greenback Party, la Federación Estadounidense del Trabajo, el movimiento del impuesto único (…) y el movimiento de las ocho horas. Después de todo, durante cincuenta años promovió su rama de anarquismo no violento en la búsqueda de la liberación del individuo.

En su esfuerzo por promover estas distintas causas, escribe Anderson,

Labadie escribía, editaba y publicaba prolíficamente para la prensa radical y diaria; era un orador popular en manifestaciones, mítines, giras y foros y mantenía una viva y a menudo polémica correspondencia con figuras como Emma Goldman, Eugene V. Debs, Samuel Gompers, Albert y Lucy Parsons, Benjamin Tucker, Joseph Buchanan, Alexander Berkman, Terence Powderly y Henry George.

Como queda indudablemente claro de esa lista de entusiasmos de Labadie (el Partido Socialista Laborista, los Caballeros del Trabajo, el Greenback Party, la Federación Estadounidense del Trabajo, el movimiento del impuesto único y el movimiento de las ocho horas) no empezó la parte política de su carrera como ningún tipo de libretario. A través de la década de 1870 y principios de la de 1880, hasta que tuvo casi 35 años, se consideraba a sí mismo lo que hoy podríamos llamar un socialista de estado. De acuerdo con Anderson, defendía políticas como “la prohibición del trabajo infantil antes de los catorce años [y] la paga igual para trabajo igual para ambos sexos”. Defendía “inspecciones sanitarias [públicas] de fábricas, establecer oficinas [públicas] de estadísticas laborales (…) y un impuesto de la renta gradual”. Como sugiere su entusiasmo inicial por el Greenback Party, defendía la inflación pública de la moneda para producir lo que pensaba que sería “prosperidad”.

Pero el centro principal de Labadie nunca estuvo en asuntos políticos concretos. Siempre estuvo en teorías generales de política y economía (el cuadro general) y en la necesidad de los trabajadores de educarse. Anderson indica, por ejemplo, que Labadie creía que

un objetivo principal de los Caballeros [del Trabajo] era la educación, reunir al pueblo trabajador en una fraternidad laboral con el fin de discutir entre sí “ciencia social” y sus derechos y deberes. “Nadie pensaría nunca en poner un caso legal en manos de alguien que no hubiera estudiado derecho”, argumentaba Labadie. “Nadie puede esperar nunca ganar el caso del progreso social (…) sin saber (…) las leyes de la economía política”. Con sólo unos pocos meses de educación formal, el propio Labadie estaba leyendo escritos de Adam Smith, John Stuart Mill, Ferdinand Lassalle, Thomas Paine y François Guizot.

Eso era lo que estaba leyendo Labadie a finales de la década de 1870. Unos pocos años más tarde, en 1881, empezó a leer una nueva revista publicada en Boston por un hombre llamado Benjamin R. Tucker, que se describía como un anarquista. La publicación de Tucker, un quincenal, se llamaba Liberty. Carlotta Anderson indica que “Labadie fue lector de Liberty desde su primer número”. En 1882, un año después, Labadie estaba contando a una audiencia de 5.000 personas en un mitin de trabajadores en Detroit que “Tom Paine dijo que el gobierno, incluso en su mejor estado, era un mal”. De acuerdo con Anderson, dijo a la misma audiencia que los parlamentos y otros cuerpos legislativos eran para “aquéllos no suficientemente grandes como para ocuparse de [sí mismos]”.

El año siguiente, 1883, vio a Labadie haciendo comentarios de presentación en una controvertida aparición en Detroit del conocido anarquista inmigrante alemán Johann Most, que defendía abiertamente la violencia para alcanzar los objetivos anarquistas. Anderson escribe que

Labadiem que creía en los métodos no violentos, no era un fan de Most. Pero pidió a la audiencia que abandonara ideas preconcebidas y su miedo a actuar, pues “donde hay agitación hay siempre esperanza de un mejor futuro”. Los miembros realmente peligrosos de la sociedad, advertía, eran quienes buscaban prohibir el discurso de Most.

Un año más y estamos en 1884, el año en que Labdie decide que Tucker y lso anarquistas individualistas tenían razón: los individuos deberían ser libres de, en palabras de Labadie, “hacer su propio trabajo a su propia costa”. Sus antiguos colegas del Partido Socialista Laborista, por supuesto, criticaron su cambio de posición. Una publicación de partido despreciaba al anarquismo como “un cebo barato para que traguen los ingenuos” y contrario a las leyes de la naturaleza. Pero Labadie, naturalmente, se mantuvo en sus trece. “Sólo los muertos y los locos”, decía, “nunca cambian sus ideas”.

Labadie volvió a cambiar de idea de nuevo durante los primeros años del siglo XX, cuando de nuevo siguió a Benjamin R. Tucker, esta vez abandonando los conceptos de ley natural y derechos naturales. “Labadie había citado [a éstos] previamente como la base de su filosofía, escribe Anderson. Pero “junto con Tucker, ahora rechazaba esos ‘mitos’ casi religiosos, reemplazándolos con el concepto de ‘egoísmo’ (…) derivado de las opiniones del filósofo alemán Max Stirner”. La nueva opinión de Tucker y Labadie sostenía que

el interés propio era la única fuerza motivadora en la conducta humana. (…) No había ninguna “verdad” o “mentira” absoluta. Los individuos eran libres de buscar la felicidad como les placiera, pero como responderían de las consecuencias sociales de sus actos, probablemente encontrarían útil vivir en armonía con otros y realizar contratos o acuerdos cooperativos para salvaguardar sus propios intereses.

Paradójicamente, el mismo año en que Labadie decidía que era un anarquista individualista (1884) era el año en que aceptaba su primer trabajo público. Éste, como administrativo en la Oficina de estadísticas Laborales e Industriales de Michigan le duró sólo un año. Durante ese año vivió en Lansing, la capital del estado, donde asimismo estaba pluriempleado como redactor de la página laboral de un periódico local, el Lansing Sentinel. El segundo empleo público que aceptó Labadie se lo ofreció una década más tarde, en 1894, por la ciudad de Detroit, que se preguntaba si podría estar interesado en supervisar a grupos de trabajo instalando tuberías para el departamento local de aguas. Este trabajo le duró 30 años. Anderson especula que podría haber sido ofrecido a Labadie a instancias de algunos de sus antiguos colegas en partidos radicales que había moderado sus opiniones, se habían hecho funcionarios municipales y conocido la situación financiera de su viejo amigo y camarada. Anderson indica que “aunque desesperado por el dinero, Labadie (…) vacilaba” en aceptar la oferta municipal.

Preveía que trabajar para el gobierno sería un serio inconveniente para un anarquista. Sin embargo, el líder anarquista Benjamin Tucker no veía ningún problema y apuntaba [en una carta a Labadie] que “Me precio de obtener todo lo que puedo de mis opresores, siempre que así no se dificulte seriamente mi poder de luchar contra ellos”.

Labadie aceptó con muchas críticas y sarcasmos por su decisión de aceptar un trabajo de funcionario, pero no tantas como temía. En 1894, cuando aceptó el empleo, tenía 44 años y había vivido en Detroit durante más de 20 años. Durante todo ese tiempo, había estado más a menos bajo la opinión pública, como activista laboral, organizados sindical, editor y escritor de escritos radicales y orador en manifestaciones, giras y mítines de distintos tipos. En 1884, el año de su conversión al anarquismo individualista, Labadie había empezado a escribir una columna ocasional, a la que llamó “Cranky Notions” [“Ideas estrafalarias”] y que defendía resueltamente el anarquismo individualista.

“Cranky Notions” había empezado en un semanario de Detroit llamado Labor Leaf. A principios de la década de 1890 estaba publicándose,  no sólo en Liberty, la revista de Benjamin Tucker, sino también en el Detroit News. Labadie había conseguido gradualmente cierta reputación local. Y era una buena reputación. A la gente le gustaba Jo Labadie. En 1894, de acuerdo con Anderson “estaban empezando a considerar a Labadie una especie de excéntrico encantador, cascarrabias e irreverente, pero venerable”. Según dice, se le “llamaba comúnmente el ‘anarquista gentil’” y “disfrutaba de su estatus de personaje del pueblo, una de las atracciones municipales de Detroit”. En dos ocasiones, funcionarios de alto nivel del municipio se enfurecieron al descubrir que un empleado municipal estaba escribiendo artículos y columnas defendiendo la abolición de todo gobierno e hicieron que se despidiera a Labadie. En ambos casos, oleadas de protestas populares forzaron su readmisión y causaron grandes problemas políticos al responsable de los funcionarios.

Aunque dedicó buena parte de su vida a escribir, editar, publicar y al activismo político, no es realmente por ninguna de estas actividades por lo que Jo Labadie debería ser recordado cariñosamente por los libertarios en el siglo XXI. En realidad sería por su tendencia a no desperdiciar nunca nada. Anderson informa que

La biografía de Labadie puede escribirse con vivos detalles (…) gracias a la riqueza del material que guardaron él y su esposa. La convicción de que estaba implicado en acontecimientos que probablemente transformaran el sistema social y económico le dio un agudo sentido de la historia. Era asimismo un irreprimible acumulador de cosas.

De acuerdo con uno de los viejos amigos de Labadie, “pocas veces, si es que lo hacía alguna, tiraba cualquier cosa impresa que tuviera que ver con las condiciones laborales y la propaganda radical, no importa lo trivial que pareciera”. Y su esposa Sophie le ayudaba entusiastamente en este vicio; Anderson escribe que tras 55 años de matrimonio “conservaba cuidadosamente cada pedazo de papel que tuviera que ver con Jo” y “almacenaba conscientemente todos los materiales laborales o radicales que llegaron a las manos de Jo”. En consecuencia, como dice Anderson,

La historia de su vida, hechos y pensamientos se revela abundantemente a través del tesoro de cartas, periódicos, recortes, manuscritos, folletos, fotos y circulares almacenados en su ático y ahora alojados en la Colección Labadie de la Universidad de Michigan. Su pila de documentos de protesta social a resultado ser un filón para estudiosos, permitiéndoles estudiar los inicios del movimientos sindical en detalle y obtener ricos materiales originales representando multitud de causas radicales.

Las dos colecciones más grandes de libros, periódicos y papeles relacionados con la tradición libertaria en Estados Unidos son la Colección Labadie en la Universidad de Michigan y la colección sobre “Individualismo Estadounidense” en la Institución Hoover en la Universidad de Stanford. Mi propia experiencia hablando con libertarios a lo largo de los años es que la mayoría de ellos, como en general la mayoría de los estadounidenses, saben al menos un poco acerca de Hebert Hoover, de quien la Institución Hoover recibió el nombre. Pero no muchos saben tanto acerca de Jo Labadie. Por eso espero que esta modesta aportación le haga obtener un poco más de fama.

 

 

Jeff Riggenbach es periodista, autor, editor, locutor y educador. Miembro de la Organización de Historiadores Americanos, ha escrito para periódicos como The New York Times, USA Today, Los Angeles Times y San Francisco Chronicle; para revistas como Reason, Inquiry y Liberty y sitios web como LewRockwell.com, AntiWar.com y RationalReview.com. Aprovechando sus cualidades vocales empleadas en radio clásica y de noticias de Los Ángeles, San Francisco y Houston, Riggenbach también ha narrado las versiones en audiolibros de numerosas obras libertarias, muchas disponibles en Mises Media.

Este artículo está transcrito del podcast  Libertarian Tradition.

 

 

Published Sat, Nov 6 2010 5:52 PM by euribe

 

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About Rodrigo Betancur

Estudioso de la Escuela Austríaca de Economia
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