euribe Muerte y resurrección del sueño americano

Por Llewellyn H. Rockwell Jr. (Publicado el 22 de octubre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4776.

A USA Today el encanta publicar características de estilos de vida que pretenden mostrar cómo vivimos, qué estamos haciendo, qué nos gusta y qué no nos gusta, partiendo de una suposición colectivista de que todas nuestra preferencias pueden rastrearse y caracterizarse con estas afirmaciones agregadas.

La mayoría de las veces estas características son bodas. Realmente no es cierto que todos escuchemos a Lady Gaga y Justin Bieber o tuiteando qué hemos desayunado.

Sin embargo, hace unos días el periódico ofreció una ronda de cómo la gran recesión ha afectado a la vida estadounidense. El ciclo económico es una de esas fuerzas que realmente afectan a todos, así que tal vez tenga sentido examinar lo que tuviera que decir el diario.

Las tendencias se han extraído de los datos del Censo de EEUU, que ofrece una visión de cómo los declives económicos pueden devastar una sociedad y un destello de un tema que ha destacado desde hace tiempo la tradición austriaca. La economía no es sólo estadísticas comerciales, ventas al detalle o PIB. Es la misma médula de la vida.

Lo que indican los datos del Censo es que nuestra movilidad se ha visto drásticamente reducida de la que teníamos hace unos pocos años. El número de personas que no se han mudado de un domicilio a otro, de una comunidad a otra, ha aumentado sustancialmente.

Desde un punto de vista económico, esto tiene sentido. Tal vez la gente tema poner a la venta sus casas por miedo a descubrir qué les dirá el mercado. Mucha gente enterró grandes sumas de dinero en sus viviendas bajo la idea, válida durante décadas, de que las casas siempre subirían de precio. Éste resultó ser el gran mito que devastó las finanzas familiares en todo el país.

Otro factor que afecta a la movilidad ha sido el rígido mercado laboral. Los trabajos no vienen fácilmente y es esencialmente difícil trasladar un auge en los salarios a otra ubicación durante el declive. Las presiones del mercado durante las recesiones son siempre a la baja. El camino más seguro es quedarse quieto.

Otra tendencia es el retraso en el matrimonio. Por primera vez desde que se recogen los datos, la parte de mujeres de 18 años y mayores que están casadas quedó por debajo del 50%. La parte de la población de entre 25 y 34 años que no está casada subió del 34,5% en 2000 al 46,3% nueve años después. Es una tendencia social masiva, dictada por la realidad económica.

Hay una tendencia general a casarse en tiempo de seguridad económica y a posponer esta decisión durante periodos de incertidumbre económica. Además, la caída en los ingresos y los mercados laborales más rígidos dan, en particular a las mujeres, menos que ganar con el matrimonio, porque es mucho menos probable que un hogar puede arreglárselas con un solo ingreso.

También hemos visto un salto en el número de gente que trabaja en casa, lo que también tiene sentido dada la mayor rigidez de los mercados laborales y la creciente resistencia a la contratación. Otra opción además de trabajar en casa en una que los europeos conocen muy bien: volver a la escuela. Esta tendencia ha arraigado en Estados Unidos en los últimos dos años.

La tendencia a retornara a la escuela también viene dictada por la realidad económica. Estamos en el tercer año seguido de licenciados universitarios cuyo potencial de ingresos es mucho menor del que habrían esperado durante sus años escolares. Durante estos años, los estudiantes acumularon deudas de seis cifras que pensaban que podrían pagar en un plazo razonable con sus altos ingresos. Esos ingresos no han aparecido. Así que en lugar de aceptar una paga al nivel actual, se han reincorporado a la escuela para retrasar el pago del préstamo.

También podríamos mencionar la tendencia chocante de gente joven volviendo con sus padres después de un periodo de vivir por su cuenta. Este fenómeno ha dado lugar a la expresión Generación Bumerán. En 2000, un 17% de los estadounidenses de entre 20 y 29 años vivían en casa de sus padres. Hoy algunas estimaciones ponen esa cifra en el 34%. Y eso hay que compararlo con 1960, cuando sólo el 9% de la gente de esta edad vivía con sus padres.

La Generación Bumerán también resulta ser la Generación Perezosa, pues muchas de estas personas no han tenido ningún trabajo en su vida. En buena parte, no es culpa suya. La crisis económica, las leyes de trabajo infantil, los costes educativos socializados, los salarios mínimos y la cultura impuesta por el gobierno de adolescencia prolongada se han combinado para negar oportunidades a toda una generación.

Trágicamente, la participación en la fuerza laboral de los jóvenes estadounidenses de entre 16 y 24 años continúa cayendo. Más recientemente, cayó al 60,5% en julio de 2010, que es el julio más bajo nunca registrado. Hace 20 años, la participación habitual en la fuerza laboral iba del 81% al 86%. En otras palabras, cuatro de cada cinco jóvenes de esta edad obtenían una experiencia enormemente valiosa para una vida laboral. Ahora sólo la obtienen tres de cada cinco jóvenes. Las caídas más abruptas que hemos visto en estas cifras han sido en los últimos tres años.

Así que podemos empezar a ver el perfil de cómo se han dañado los estándares de vida estadounidenses. Somos testigos de la caída del sueño americano, que siempre ha servido para tener esperanzas en el futuro. La gente ya no tiene la esperanza que tuvo una vez. Es un hecho chocante de nuestro tiempo, que es aún más devastador cuando miramos los fundamentos económicos como la impagable deuda pública y el gasto sin control en Washington y los estados que continúa consumiendo grandes cantidades de capital privado.

Sin embargo, si echamos la vista al largo plazo, podemos ver que estas tendencias se remontan a décadas, siendo el punto de inflexión la eliminación del último enlace del dólar con el oro en 1971. Este es el acontecimiento que estableció la explosión del crecimiento del gobierno, de la adicción al crédito de la población, de las malas inversiones masivas en vivienda y muchos otros sectores, de la eliminación de los ahorros estadounidenses y, lo que es más serio, de la pérdida de libertad ante el estado de seguridad nacional.

A largo plazo, nuestros estándares de vida se han erosionado de formas esenciales que tienen un profundo efecto cultural. En un tiempo, la familia estadounidense vivió bien con un solo ingreso. Ahora la realidad esperada son dos ingresos. Este cambio tuvo lugar después de la gran inflación de finales de la década de 1970. Mucha gente consideró a esto como la buena noticia de que el trabajo se abría a las mujeres. Es más probable que no fuera un signo de liberación, sino un dramático ajuste demográfico necesario para mantener los altos niveles de vida. Y al estado no le importó: añadió millones a los ingresos fiscales. Unos e pregunta si “liberación” es realmente la palabra a usar para este cambio.

Esos ajustes continúan. El impuesto oculto que es la inflación, combinado con la creciente regulación de los mercados laborales, hace cada vez más difícil mantener la ilusión de altos niveles de vida. Esto explica la Generación Bumerán, el retraso de entrada en la fuerza laboral, el retraso en el matrimonio, el desempleo entre los jóvenes, los sueños rotos tras la licenciatura y la aparición de fenómeno del estudiante de por vida. Estos indicadores fundamentales no están reflejados en los datos del PIB, que cuentan el gasto público y el consumo alimentado por el crédito como evidencia del aumento de los niveles de vida.

Independientemente de los periodos de auge, podemos ver que este declinar en los niveles de vida está haciendo a la sociedad estadounidense un lugar peor para el cambio dinámico, la toma de riesgos, la vida independiente y las oportunidades y mejor para la vida sedentaria, la lucha para arreglárselas, el retraso en la madurez, la mayor dependencia y las cada vez más menguantes oportunidades de producción, ahorro y planificación. Estos cambios están haciendo que este país sea menos lo que era y más lo que hoy es Europa.

No tengo que decirles que ninguna de estas tendencias augura nada bueno para el futuro. Lo que una vez fue el sueño americano se está convirtiendo en el estancamiento americano. Empezamos a despertar a un mundo que no es una tierra de oportunidades, sino un país de barreras, matorrales, dificultades y luchas contra baches artificialmente creados en el camino hacia el éxito. Y ese éxito tiene cada vez más granos y está cada vez más lejos, amenazando siempre de desaparición por la última ocurrencia política.

Me preocupan especialmente estas tendencias que afectan a los jóvenes, quienes, después de todo, dan las mejores señales para nuestro futuro. El aula no sustituye al trabajo. Rusia tenía bajo el comunismo el mayor porcentaje de doctores per cápita en el mundo y esto no contribuyó en nada a la productividad de la nación.

Una vez establecidas las tendencias, hablemos de causa y efecto. En todo caso, podemos alinear fácilmente estas tendencias con las realidades económicas, que a su vez se ven profundamente afectadas por las tendencias políticas del gobierno y en particular por la política monetaria. Las normas emitidas por miles de burocracias mantienen a la empresa estadounidense constantemente tratando de adivinar el clima político. La manía de las patentes ha creado un campo minado para la innovación en cualquier sector, de la medicina al software. Las guerras imperiales han absorbido capital y recursos laborales del sector privado.

El estado leviatán es el gran enemigo de la prosperidad estadounidense, el monstruo que devora la riqueza. Cada porción de crecimiento económico que experimentamos no se debe a l presencia de este leviatán, sino al ingenio de la empresa estadounidense para eludir barreras.

Para entender cómo funciona esto, imaginemos a la economía de EEUU como un coche en un circuito de carreras. La empresa privada, además de construir el coche, proporciona el combustible, el mantenimiento y las innovaciones técnicas que le hacen funcionar. Entretanto, el gobierno está a cargo del circuito y pone tachuelas, aumenta lo cerrado de las curvas y añade badenes, al arder de envidia.

Con el fin de mantener al coche a una buena velocidad, la empresa privada tiene que innovar constantemente, añadiendo potencia, ruedas a prueba de tachuelas y conductores cada vez más capaces. La empresa privada nunca puede dejar de esforzarse en superar la siempre mayores demandas al coche y conductor. Todo mientras la Reserva Federal está tentando al personal del coche con un combustible destructor de máquinas disponible a coste cero.

La triste realidad que no hay una forma fácil de que triunfe hoy la libertad. La política es la vía elegida por muchos, pero no ofrece una solución a largo plazo. Por esto pueden incluirme entre los escépticos acerca de que el Tea Party vaya a conseguir algo parecido a una restauración de la libertad. No está claro que muchos de estos activistas entiendan realmente que acabar con el despotismo requeriría una eliminación sólo de la actual cosecha de gestores públicos, sino de todo el aparato de gestión del estado. Esto significa acabar con todas las formas de intervención del gobierno, internacionales e internas.

No basta con recortar e incluso acabar con el estado del bienestar: también hay que desmantelar el estado bélico imperial. Esto significa eliminar el aparato de seguridad nacional igual que la intervención económica en la vida del país. Oponerse a uno mientras se apoya al otro (y esto es la esencia misma del Contrato Republicano con Estados Unidos) es autoderrotarse, si es que no es un engaño deliberado. Sabemos los resultados de este tipo de incoherencia intelectual porque los hemos visto muchas veces antes.

Los miembros del Tea Party proclaman estar contra el socialismo, pero reflejan las a menudo ignoradas formas que el socialismo adopta en nuestro tiempo. El primer tipo es el socialismo corporativo que pone a los grandes bancos y empresas al volante de las políticas públicas, llevando a rescates de las empresas más ricas. En un esfuerzo por impedir que cayeran los valores de las casas y evitar que las empresas automovilísticas estadounidenses quedaran panza arriba, se socializó todo el mercado hipotecario estadounidense y se puso a toda la fabricación de automóviles en Estados Unidos bajo la caridad pública.

Un segundo tipo de socialismo estadounidense aparece en la forma de un pantagruélico complejo militar-industrial que cosecha más de un billón de dólares de los contribuyentes cada año para mantener el imperio americano en todo el mundo (y enriquecerse, por supuesto).

Hay otro tercer tipo que ofrece seguridad social y beneficios médicos a estadounidenses ancianos, gente que cree que como han pagado estos sistemas toda su vida, tienen derecho a recibir a cambio lo más posible.

Estos tres sistemas de socialismo son la causa principal de la bancarrota estadounidense. Son absolutamente insostenibles. Una aplicación consistente del principio de libertad debe apuntar a esos programas en toda su extensión, sin excepciones.

Pero pienso que es altamente probable que la actual atmósfera revolucionaria en la vida política sea subvertida por la maquinaria política de Washington. Los sentimientos radicales que escuchamos durante las primarias ya están cambiando para agradar al establishment. Después de toda una vida viendo este proceso, puedo prometerles esto: si un candidato está tratando de venderse para tratar de ganar, ya está condicionado para un desempeño de venderse en el cargo.

Es mucho más probable que el movimiento del Tea Party acabe de la misma forma que el levantamiento republicano de 1994. Recuerden que la nueva mayoría republicana en el Congreso no recortó entonces el presupuesto, no cerró agencias, no acabó con la regulación pública de nada y no recortó los impuestos y mucho menos disminuyó el poder de la Fed. Si se produce este nuevo asalto, la élite republicana se beneficiará de la energía y el entusiasmo de los ingenuos activistas, pero recortará y retorcerá la agenda contra el gobierno alegando un “gobierno responsable”. Lo más que podemos esperar es un maravilloso atasco.

Pero aparece la siguiente pregunta: ¿Qué esperamos realmente y cómo lo conseguiremos? La respuesta que estamos esperando, y trabajando por un enorme cambio en las ideas que la gente tiene de la libertad. Es en el reino de las ideas y no en el sector de la acción política donde se está librando la batalla real.

En esta lucha, creo que estamos trabajando con la herramienta más poderosa, una que es más fuerte y efectiva que todos lo ejércitos, armas y misiles del mundo. Al final, ningún gobierno puede gobernar sin al menos el consentimiento pasivo del pueblo. Por eso el gobierno trabaja tan duro en la fabricación de ideologías que justifiquen lo que nos hace. Nuestro trabajo es contraatacar a esto con una educación de distinto tipo, una que destape la lógica bajo el despotismo y luego explique el significado de la libertad.

Al contrario que en la política, hay noticias importantes que dar en el mundo de las ideas. En la última Gran Depresión, la escuela austriaca paso malos tiempos para poder transmitir una forma alternativa de ver las causas y consecuencias de la gestión centralizada del dinero, la banca y la vida económica. Esta vez tenemos acceso a una fantástica maquinaria global de comunicaciones.

Recientemente, el New York Times expresaba un asombrado descontento por que viejos libros de gente muerta como Bastiat, Mises y Hayek estuvieran circulando como nucna. Especialmente el ensayo llamado La ley, de Frédéric Bastiat ha obtenido hoy una resonancia masiva. Bueno, es verdad que es un realidad sorprendente. Este ensayo era uno de los favoritos de Leonard Read hace unos 50 años. De hecho, sigo teniendo la copia que me dio en 1968. Pero hace cinco años, cuando quedó descatalogado, el Instituto Mises lo recuperó e hizo de él un superventas.

Es algo típico. Como podamos, junto con cientos de grandes libros antiguos y grande libros nuevos, nos dedicamos a darlos a conocer. Mises.org y Lewrockwell.com dominan el sector prolibertad de la World Wide Web. Nuestras conferencias tienen cada vez más streams de aplicación. Nuestros programas de asociación están en auge. Nuestras revistas académicas y conferencias profesionales tienen una influencia creciente. Nuestros Círculos Mises en todo el país son un gran éxito. Nuestros cursos en línea pueden algún día reemplazar a los institutos públicos y las universidades estatales. Ahora mismo, si vamos a los campus universitarios vemos a jóvenes, no sólo con libros y materiales del Instituto Mises, sino con camisetas del instituto.

Hay ahora más estudiantes preocupados por la libertad que en cualquier otro momento de mi vida.

Cuando el mundo se desmoronaba en la década de 1930, ¿qué habrían hecho Hayek y Mises con las oportunidades que tenemos hoy? Cuando el dólar estaba en el proceso de destrucción en las décadas de 1960 y 1970, ¿qué habría sido capaz de hacer Rothbard con las oportunidades que tenemos hoy? Son preguntamos que nos hacemos todos los días. Sus ejemplos y su compromiso a lo largo de su vida con una defensa por principio de la libertad nos inspiran para hacer más.

Como resultado del trabajo que estamos haciendo, el plan del gobierno para estimularnos hasta la muerte no ha pasado sin contestación. El consenso político keynesiano en Washington y en los círculos académicos  se está desentrañando realmente como nunca antes. Toda la lógica para la gestión pública de la vida económica está bajo un nivel de presión que no se vio en todo el siglo XX.

Los defensores del estatismo moderno están cada vez más desesperados por encontrar nuevas justificaciones para controlar nuestras vidas, algunas tan ridículas que es difícil imaginar que puedan convencer a alguien. Si necesitan un ejemplo, no tienen más que mirar cómo el gobierno puede y debería controlar las temperaturas dentro de 100 años.

La revolución, nos recuerda a menudo Ron Paul, es y será fundamentalmente filosófica. Las ideas continúan siendo nuestra arma más potente en la lucha entre libertad y poder. Las ideas son los medios por los que los débiles luchan contra los atrincherados, los independientes contra el establishment, los libres contra el estado.

Como indicó Rothbard, la batalla clave por la libertad tiene lugar en el reino de las ideas. El reino de las ideas es un área de la vida en la que una persona puede hacer una enorme diferencia. Y el movimiento adelante del tiempo significa que siempre puede encontrarse esperanza en el futuro, porque el futuro es algo que hacemos día a día mediante nuestras acciones y elecciones en el presente.

No me cabe duda de que podemos ganar esta lucha por la libertad. Hay demasiados ejemplos en la historia, incluso en nuestro tiempo, de cómo las buenas ideas triunfan sobre la coacción. Una persona que se queja y resiste a todas las formas de control del gobierno no puede acabar siendo subyugado. Y el control del gobierno es mucho más vulnerable de lo que parece a simple vista. Puede ser derribado en un abrir y cerrar de ojos cuando el pueblo que intenta controlar decide que ha tenido bastante. Entonces incluso los miembros del gobierno se ponen contra el estado.

Pero las condiciones previas para que esto ocurra son la difusión del amor a la libertad y una comprensión de qué la hace a la vez hermosa y un hecho que nunca puede ser permanentemente suprimido.

De hecho los estadounidenses están empezando a retirar su consentimiento al estado. Como Boétie y Hume y Mises y Rothbard argumentaron, el régimen siempre depende de al menos el consentimiento tácito de los gobernados. Debe ser así, pues somos muchos más que ellos.

De acuerdo con una encuesta reciente, el 64% de los estadounidenses está enfadado con su gobierno y el 43% muy enfadado. Nuestra tarea es explicarles, a ellos y a todos, qué ha pasado a nuestro país y qué tendría que ocurrir.

Mises creía que l clave para el futuro era llegar a la gente de todas las condiciones sociales. Se nos dado un glorioso regalo en forma de una oportunidad para hacer justamente eso, ahora mismo, a través del trabajo del Instituto Mises.

Para mí es una prioridad mucho más importante que cualquiera que se nos haya presentado en la esfera política. Cambiar las mentes puede producir una victoria duradera para la libertad, para nosotros y nuestros descendientes. Incluso en medio del peor desastre económico en 70 años, nunca hemos tenido más oportunidades para ilustrar no sólo a este país, sino a todo el mundo. Todo depende de las acciones y decisiones que tomemos hoy. Esperemos que sean las correctas.

 

 

Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente de la Junta Directiva del Ludwig von Mises Institute en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de The Left, the Right, and the State.

Published Mon, Oct 25 2010 9:13 PM by euribe

 

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About Rodrigo Betancur

Estudioso de la Escuela Austríaca de Economia
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