euribe Una película que lo entiende

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 26 de octubre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4806.

 

¿Quiénes son los héroes capitalistas populares de nuestro tiempo? La red social es una película que homenajea a uno de los mayores, el fundador de Facebook Mark Zuckerberg. Podría parecer a primera vista una historia aburridísima que se resista a ser filmada: como se llegó a fundar Facebook y cómo creció, afrontando demandas y convirtiéndose en el gigante que es hoy.

De hecho, no sólo es una película superemocionante y maravillosa por sí misma: es probablemente la mejor película acerca de la libre empresa realizada en nuestro tiempo. Entiende exactamente el emprendimiento en el mundo real. Se ocupa brillantemente de todos los asuntos importantes desde el motivo emocional detrás de las nuevas empresas (no es necesariamente el dinero) a la imposibilidad de dividir y trocear las ideas en unidades de propiedad. Se dice que mezcla realidad y ficción, pero eso no importa en lo más mínimo por las muchas lecciones y el tema en general.

La película llega justo a tiempo. Facebook ha venido siendo la víctima de una campaña de la intelligentsia cada vez más vituperante. Supuestamente viola la privacidad, alimenta un egoísmo chalado, destruye vidas tentando a la gente a dar demasiada información sobre sí misma, destroza matrimonios, lleva a los adolescentes a suicidarse, desperdicia tiempo que la gente estaría en otro caso empleando para disfrutar del aire libre, arruina la cultura al digitalizar la comunicación a costa de la interacción cara a cara y destroza el lenguaje el vulgarizar el término “amigo”.

ESsos son los supuestos crímenes de Facebook y si piensan que el sitio web es culpable, hay una respuesta sencilla. No lo usen. Facebook es totalmente voluntario. También es gratis para la gente. Pero a la gente (el último informe da 500 millones de personas de alta, pero crecerán hasta 1.000 millones y más allá) también resulta gustarle y depende de él. De hecho es el sitio web más popular de la historia. Ha conectado a la gente como nunca antes, permitiendo a una persona mantenerse al día de los tejemanejes de miles de otras personas en un tiempo récord. Es una gran contribución a la humanización y personalización de Internet y ha hecho posible que una gran variedad de causas e ideas encuentren expresión y audiencia.

Hay un significado filosófico en la expresión “red social”. Recuerda una distinción entre medios económicos y políticos realizada por Franz Oppenheimer, refinada por Albert Jay Nock en su distinción entre sociedad y estado y posteriormente por Frank Chodorov, que apuntó que los medios sociales son siempre voluntarios y los medios estatistas son siempre coactivos. La red social es taquigrafía para la enorme matriz de comunicación e intercambio que deriva únicamente de la volición humana; es a la “sociedad” en ese sentido chodoroviano a la que Facebook debe su energía y orden.

Como siempre con la libre empresa, todo empezó con una pequeña idea: a la gente le gusta saber acerca de otros y le gusta que otras sepan de ellos. Internet puede hacer que esto se haga realidad. La película muestra cómo germinó la idea dentro de la microcultura de la Universidad de Harvard mientras Zuckerberg experimentaba con soluciones de software y recogía ideas de cualquier fuente posible. Convirtió los sueños en código que se convirtió en un fenómeno. La película muestra muy bien cómo este emprendimiento venía dirigido por ideas, probado cada día y cada hora en respuesta a los intereses y demandas del consumidor, con constantes mejoras a los largo del tiempo.

Sin embargo, las ideas por sí mismas no son suficientes. Se les da vida mediante el genio tecnológico. Se implantan con gran dedicación y incluso un fanatismo digno de elogio. La película demuestra además que, aunque hacer dinero y la prueba de las pérdidas y ganancias son las señales esenciales de éxito comercial, a largo plazo el motivo monetario no fue el motivo fundamental para la creación de Facebook. Se muestra a Zuckerberg como no preocupado por el dinero. Le preocupa hacer algo creativo, grande e innovador. Le preocupa dejar huella en el universo.

Cuando Facebook empezó a despegar y realmente a ponerse de moda, se ve a Zuckerberg descubriendo entusiastamente que su popularidad, su frescura, es su principal activo. Ve sabiamente que no debería hacerse nada para poner en riesgo ese activo fundamental. El objetivo no es hacer tanto dinero y tan rápido como sea posible, sino afianzar el amor que tiene la gente por lo que Facebook estaba poniendo a su disposición. Esta actitud entre los empresarios es mucho más común de lo que la tradición convencional sugeriría. El arquetipo es un soñador obsesionado por el éxito, no un calculador obsesionado por la avaricia.

Otro acierto de esta película afecta a la lección más difícil de la vida que debe aprender cualquier talento singular, cualquier soñador que alcanza algo maravilloso. Venimos a este mundo creyendo que el éxito en algo se encontrará con alabanzas y aplausos. No se nos dice a  menudo la realidad que vemos en esta película: el éxito es más probable que se encuentre con la envidia, el odio, el descrédito, el menosprecio y las reticencias, a veces de las fuentes más inesperadas.

La persona de éxito en cualquier campo (y esto probablemente sea cierto en todo tiempo y lugar) se encontrará rápidamente rodeada por lobos (muchos de ellos antiguas ovejas) buscando su ruina, destrozo y destrucción. Incluso los grandes logros se rebajan como pura suerte o se atribuyen a otros o se menosprecian como algo no tan grande. Si hay leyes que dan a los lobos la oportunidad de desarrollar su envidia, se usarán. Todo empresario debe prepararse para esto, esperarlo y ocuparse de ello.

Así que Facebook se encontró con desafíos y campañas en contra desde muy pronto y no sorprende en la era digital que el ataque inicial se produjera sobre “propiedad intelectual”, y aquí la película hace otra gran aportación. Muestra lo irrelevante que es la PI para el éxito empresarial y cómo se ha convertido en la frase hecha preferida por los perdedores y en la gran excusa para clases enteras de personas que mal sentido empresarial. “Me robó mi idea” es la gran mentira de nuestra época, porque las ideas no pueden realmente robarse y no hay idea existente que no esté en deuda con alguna otra idea.

La película muestra cómo los colegas de Harvard Cameron y Tyler Winklevoss pidieron a Zuckerberg escribir el código para su futuro sitio, Harvard Connection, que acabó convirtiéndose en ConnectU. Zuckerberg tenía otras ideas más complicadas bullendo en su cabeza. Una vez que Facebook despegó, los gemelos Winklevoss reclamaron falta y, después de fracasar en intentar aplastar a Facebook por todos los medios, acabaron demandando a Zuckerberg por violar su propiedad intelectual, a pesar de que los proyectos no compartían nada del mismo código.

Hay varios argumentos alternativos en la película. Zuckerberg esta furioso ante la idea de haber robado algo. Los Winklevoss seguían teniendo su idea, sólo que no hicieron nada con ella. ¿Y qué pasa si Zuckerberg realmente se basó en parte en ideas de otro? Como se muestra a Zuckerberg diciendo: “¿un tipo que fabrica una silla verdaderamente buena debe dinero a cualquiera que haya hecho una silla alguna vez?” Qué tonto es Zuckerberg: utilizar sentido común delante del mundo arcano y enrevesado de la PI.

Otra forma de verlo es un argumento que Zuckerberg emplea en su declaración después de la demanda. Dice a una de los gemelos: “si hubierais inventado Facebook, habríais inventado Facebook”. Suena simple, pero realmente es todo lo que necesitamos saber acerca del absurdo de esas demandas. El quién gana y quién pierde en el mercado no es arbitrario: el mercado tiende a distinguir a los charlatanes de los que actúan, a los soñadores de los que asumen riesgos, a los actores de los meros pensadores. Si no puedes crear y no puedes competir, siempre puedes reclamar una violación de propiedad intelectual. Oye, bajo la ley estadounidense no hay nada que no puedas usar como base para un plan de extorsión legal.

Una parte esencial del emprendimiento es elegir qué idea de entra las millones que llegan a una persona desde todas partes todos los días vamos a usar para emplearla en una aventura empresarial. En un momento de la película, un estudiante se dirige a Zuckerberg y si sabe si una chica en concreto tiene novio y, si lo tiene, si va en serio. Esto da a Mark la idea de permitir a los usuarios de Facebook anunciar su estado en sus páginas individuales. La adición de esta característica le convence de que es el momento de salir al mercado. El nuevo sitio web se inauguró poco después. Para los estándares de la PI, el colega que le hizo esta pregunta tendría alguna parte en los beneficios de Facebook, porque ese intercambio dio lugar a una característica esencial del sitio web. Si fuera así, todo usuario de Facebook tendría alguna participación.

Al presentar cuidadosamente la influencia externas de Zuckerberg, en una serie de escenas brillantes que tocan una enorme variedad de sectores y opiniones, la película presenta la realidad de cómo se producen la ideas y muestra cómo la litigación sobre PI se ha convertido en una vía para perdedores,  un camino legal de chantaje para que los resentidos saqueen a los exitosos. Después de todo, si Facebook no hubiera despegado y sido un éxito, los gemelos Winklevoss nunca se habrían imaginado ser víctimas en absoluto. Ese único hecho demuestra que no hay ningún tipo de robo real.

Si alguien roba tu coche, eres una víctima si el ladrón lo abandona o lo usa para ganar una carrera de NASCAR. La PI sólo acaba siendo algo importante si el acusado triunfa con ella. Una vez que una idea se convierte en éxito, puedes esperar que hordas de gente harán cola y afirmarán que la tuvieron antes. Seguro que los gemelos usan la ley para extorsionar millones y ni siquiera se explica quién tiene razón y quien no (asunto esencial en la justicia) en la sentencia a dictar. Repito: todo es demasiado realista.

Es especialmente revelador cómo imaginan los gemelos que destruirán Facebook por su envidia por el éxito de Zuckerberg. No les cabía duda: querían hundirlo. Aquí vemos cómo la PI acaba creando un riesgo moral para que los envidiosos pongan trabas al progreso social y económico.

No tengo ni idea de los detalles reales del caso, pero es posible que la película rebaje hasta qué punto Zuckerberg recibió una influencia realmente valiosa por el esfuerzo competitivo para crear la Harvard Connection. Y aún así, como también muestra la película, así es como aparecen las grandes ideas. Ninguna gran idea de este mundo se ha creado de la nada, contrariamente al mito. Las grandes ideas provienen de la interacción de un gran abanico de influencias en todas direcciones. El ganador es quien hace que se produzca la realidad comercial. Hasta entonces, todo es palabrería.

Un segundo asunto legal reflejado en la película se refiere a las riñas de Zuckerberg con su mejor amigo, que fue nombrado Director Financiero de Facebook antes de ser echado de la empresa cuando los grandes nombres, entre los cuales está otra leyenda, Sean Parker, de Napster, decidían que no era realmente el apropiado para el trabajo. Este caso me parece más un asunto de educación y contratos que de propiedad intelectual. El caso se resolvió fuera de los tribunales.

Como apuntaba el EconomicPolicyJournal, esta película puede acabar llevando a millones de jóvenes estudiantes programadores a convertirse en emprendedores y atraer a aún más estudiantes al mundo de la empresa digital. Es más que probable que no sea algo que la gente aprenda en clase. Los aprenderán de su experiencia extracurricular en el agitado mundo del comercio y de desarrollar su intuición acerca de lo que realmente hace que la gente se mueva y cómo aportarlo al mercado.

Puede que no le guste Facebook, pero evidentemente ha mejorado la vida de millones de personas. En todo durante décadas he escuchado el menosprecio de la intelligentsia sobre las últimas novedades para descubrir a esa misma gente utilizando esa misma tecnología unos pocos años más tarde. Los denostadores de la tecnología de hoy son los adoptantes tardíos de mañana.

Hace unos días visité a una hombre mayor, un famoso escritor de ficción, en una residencia de ancianos. Considera a su ordenador de sobremesa como su enlace con el mundo exterior, que le permite estar en contacto con su amplia familia y comunicarse con amigos en todo el país. Mi cabeza volvió a una conversación que tuve con él hace 17 años. La había preguntado qué pensaba que Internet y el correo electrónico (entonces no había web). Me dijo que consideraba a esas innovaciones como “el fin del mundo”. Lo dijo con un tono ominoso en su voz. Bueno, quizá tenía razón en eso, pero también fue el principio de un nuevo mundo que esta misma persona ha aprendido a amar desde entonces.

Lo mismo pasa con Facebook. Zuckerberg acabó con un mundo y empezó una nuevo y mejor para muchos millones de personas. La red social muestra cómo el mercado comercial dio a un loco de la programación una oportunidad de hacer eso y cómo lo hizo. Es una película que alaba a los buenos, ridiculiza a los malos, muestra la realidad que afrontará cualquier persona de éxito, hace que el sistema legal parezca el patético enemigo de la empresa que realmente es y hace un homenaje al emprendimiento que se le debía desde hace tiempo.

Esta película es un glorioso éxito, lo que significa por supuesto que está siendo atacada: un crítico del Washington Post piensa que no muestra cómo la innovación privada es realmente cosa de suerte y no destaca lo esencialmente maravilloso de la infraestructura pública que proporciona el gobierno.

Sí, seguro, y este crítico podría apoyar una película similar llamada La red gubernamental, protagonizada por burócratas y sus defensores en el Post y ver cómo se comporta en taquilla.

 

 

Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo.

Published Wed, Oct 27 2010 7:41 PM by euribe

 

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About Rodrigo Betancur

Estudioso de la Escuela Austríaca de Economia
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